Si en Nicaragua aumenta el desempleo en el 2008, la población afectada resolverá su problema emigrando; y si en Estados Unidos se agudiza la recesión económica, un sector de las empresas tratará de salir del atolladero bajando costos mediante la contratación de mano de obra barata, de inmigrantes.
En un escenario así es poco probable que bajen los ingresos por remesas de Nicaragua, donde además la emigración tiende a crecer porque constituye el verdadero alivio a la pobreza.
Un nuevo dato, revelado la semana pasada por la empresa encuestadora M&R, indica que más de dos millones de nicaragüenses, 40 por ciento de la población del país, recibe remesas del exterior.
Otra información sorprendente del estudio es que el monto promedio de cada envío es de 175 dólares y en el año los ciudadanos reciben hasta nueve entregas.
De ser así, estamos ante un ingreso bruto en remesas de tres mil millones de dólares por año, una cifra muy alta, sobre todo si la comparamos con los datos del Banco Central, que calcula las remesas del año 2007 en 730 millones de dólares.
Otras instituciones, privadas e internacionales, estiman el ingreso de remesas de Nicaragua entre 900 millones y 1,300 millones de dólares anual, sin olvidar que buena parte de ese dinero entra por vías informales, en manos de viajeros o encomenderos.
Según el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin), del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Nicaragua habría recibido el año pasado 990 millones de dólares en remesas, mientras Honduras obtenía 2,675 millones y El Salvador 3,530 millones de dólares.
Desconozco si los sistemas de medición de ese ingreso son mejores en Honduras y El Salvador, y si, por esa razón, hay un subregistro de remesas en Nicaragua.
Lo cierto es que la migración aumenta y a Miami siguen llegando nicaragüenses afectados por un huracán en septiembre pasado, según confirmó el pastor moravo Fernando Colomer, quien ha sido testigo del arribo a esa ciudad estadounidense de 310 inmigrantes, originarios del municipio de Puerto Cabezas.
La pobreza, que ya reinaba en Puerto Cabezas, se volvió más cruel tras el huracán; y a pesar de las promesas del presidente Daniel Ortega, de reducir el hambre a cero, los costeños que han podido se han ido al exterior, con la percepción de que es mejor buscar el futuro afuera porque Nicaragua va por el rumbo equivocado.
Los costos de esa migración son altos por las rupturas familiares y las muertes que a veces causa, como la de Yolanda Müller, nativa de Puerto Cabezas, quien en noviembre emigró indocumentada a Estados Unidos y murió en el desierto de Arizona.
Si este año nueve mil nicaragüenses quedaran sin empleo, porque algunas empresas de zona franca prefieren irse a otro país, parte de ellos se toparían con la opción de emigrar, a Costa Rica, El Salvador o Estados Unidos.
Es lamentable que mientras miles de obreros temen el cierre de empresas, el presidente Daniel Ortega dedica sus esfuerzos a respaldar los planes del mandatario de Venezuela, Hugo Chávez, de hacer un nuevo Ejército para una eventual guerra contra Estados Unidos e implantar el socialismo del siglo XXI.