El presidente Daniel Ortega dijo en una entrevista para el diario El Nacional, de Venezuela que lo que el presidente Hugo Chávez busca con el Alba es convertir a Latinoamérica “en una potencia”.
Como ejemplo Ortega puso a la Europa de hoy en día. “¿Qué hicieron ellos (los europeos)? —se pregunta Ortega en la entrevista— Hicieron una política de compensación, para que en el proceso de unidad se lograra un punto de equilibrio y convertir la Unión Europea en lo que es hoy ¡una potencia! Eso es lo que queremos los latinoamericanos, ser una potencia. Eso es lo que está proponiendo el Presidente Hugo Chávez, que nos convirtamos realmente en una potencia, económica, social, moral” dijo Ortega a El Nacional.
Tal parece que el compañero comandante pueblo presidente Daniel cree que eso de crear “una potencia” es cosa de soplar y hacer botellas.
Y no es que yo no crea que Latinoamérica se puede unir y eventualmente llegar a ser una potencia, tiene tantas oportunidades como Europa o Estados Unidos o Japón. De lo que sí estoy seguro es que no se llega a ser potencia de la manera que Ortega lo propone.
Para comenzar, el ejemplo de los europeos lo toma ya al final del cuento. Habla de las políticas de compensación. Pero los europeos no comenzaron hace 10 años, comenzaron hace 50. Además, aunque sobra decirlo, lo voy a decir: ni Venezuela es Alemania o Francia; ni Nicaragua, Cuba o Haití son Grecia o Portugal.
Sin embargo, no me extraña que Ortega crea que “ser potencia” es cosa de juntar el hambre con las ganas de comer. Una frase de Dora María Téllez se me quedó grabada desde que se la oí en una entrevista. Ella dijo: “A Daniel le repugna gobernar”. En el contexto de la frase debemos de entender “gobernar” como el hecho de manejar, enfrentar, estudiar y resolver los problemas de un país. En una palabra: Trabajar.
Pero como dijo Edmundo Jarquín, Ortega nunca se ha ganado un peso fuera de la política. ¿Y en la política qué ha hecho? Durante la insurrección estaba en Costa Rica; cuando fue de la Junta y posteriormente Presidente, se la pasaba de discurso en discurso; doña Violeta le ganó las elecciones y pasó a ser diputado, pero ni ahí trabajó (y eso que ahí casi no se trabaja). Nunca llegó. Siempre anduvo aplanando caminos de discurso en discurso. Ahora de nuevo Presidente, no hay evidencia que trabaje. A veces me pregunto cómo lucirá su despacho. ¿Tendrá?
Y de discursos, de palabrerío repetitivo de ese que tanto gustan a él y al presidente Chávez, no se construye una potencia.
Todos los países que se han convertido en potencia tienen una serie de características: énfasis en la educación (pero la educación que enseña a trabajar y a pensar, no la que enseña sobre los CPC); además de producir una población culta deben tener unos ciudadanos que respeten las leyes, donde los valores positivos como el trabajo, la puntualidad, la honestidad y la honradez sean características que se respetan y admiran.
Aquí es todo lo contrario. El honesto es tonto; el mañoso es vivo; el trabajo duro no te lleva lejos; la adulación te garantiza un buen puesto.
Si queremos ser potencia no tenemos que unirnos con nadie. Solitos podemos hacerlo. Eso sí, es trabajo duro. Algo que al compañero comandante pueblo presidente “le repugna”.