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Una mujer coloca la masa de arcilla cortada en pedazos en forma de galletas en un campo abierto frente a Fort Dimanche, una antigua prisión en Puerto Príncipe, Haití. La subida del precio de la comida golpea duramente a los haitianos. (FOTOS LA PRENSA/AP/ARIANA CUBILLOS)
El manjar de los pobres de Haití
Ante la subida del precio del arroz, algunos haitianos en la miseria acuden a una vieja “receta” local: galletas de barro, con todo y los riesgos de salud que implican. Dos tazas de arroz cuestan hoy 60 centavos de dólar, lo que muchos no pueden pagar. Y peor aún: la arcilla de las galletitas se está encareciendo
Jonathan M. Katz
PUERTO PRINCIPE, HAITÍ/AP Reportaje especial
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Era la hora del desayuno en uno de los tugurios más miserables de Haití y Charlene Dumas comía lodo.

Con el aumento de los precios de los alimentos en el mundo, muchos de los más pobres no pueden comprar siquiera un plato de arroz por día. Y algunos apelan a medidas desesperadas para engañar el hambre.

Charlene, que a los 16 años tiene un hijito de un mes, ha acudido a un tradicional remedio haitiano para el hambre acuciante: galletitas confeccionadas con tierra seca de la planicie central del país.

El lodo ha sido favorecido desde hace mucho tiempo por las mujeres embarazadas y los niños como fuente de calcio y como antiácido. Pero en lugares como Cité Soleil, el atestado barrio misérrimo junto al océano donde Charlene comparte una vivienda de dos cuartos con sus cinco hermanos y dos padres desempleados, las galletitas hechas con tierra, sal y mantequilla vegetal se han convertido en una fuente regular de sustento.

“Cuando mi madre no cocina nada, tengo que comerlas tres veces por día”, dijo Charlene. Su bebé, llamado Woodson, se veía ligeramente más delgado de los 2.8 kilogramos (6 libras y 3 onzas) que pesó al nacer.

Aunque dice que “me agrada el gusto porque sabe a mantequilla y sal”, aclaró que las galletitas también le dan dolores de estómago. “Y cuando amamanto, el bebé también parece a veces con cólicos”.

La muchacha estaba descalza, vestía un vestido sucio, y su cabello negro moteado de vetas rojas era indicio de una desnutrición crónica. Algunos días, dice, no come nada más que esas galletitas de lodo.

La agencia de alimentos de la ONU, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), está cada vez más preocupada por los precios de los alimentos, que están subiendo fuertemente debido a varios factores. El cambio climático provoca más tormentas que destruyen los cultivos, y el petróleo más costoso encarece los fertilizantes y el costo del transporte de los alimentos.

La mayor demanda de biocombustibles significa que se dedican menos terrenos a los cultivos alimenticios, lo que a su vez provoca una disminución de suministros y mayores precios, según el organismo mundial.

La FAO lanzó un plan para combatir los aumentos de precios de los comestibles que incluye la distribución de vales a los agricultores para comprar semillas y fertilizantes en países pobres.

En el Caribe, las inundaciones y los daños a los cultivos en la temporada de huracanes del 2007 hicieron que esa organización de la ONU declarase estado de emergencia en Haití y otros países. Los precios de los alimentos subieron hasta un 40 por ciento en algunas islas, y líderes caribeños efectuaron una cumbre de emergencia en diciembre para debatir la reducción de los impuestos a los alimentos y la creación de grandes fincas agrícolas regionales para reducir la dependencia de las importaciones.

En Haití, los aumentos de precios y la escasez de alimentos amenazan la frágil estabilidad del país, y las galletitas de lodo son una de las poquísimas opciones que tienen los más pobres para no morirse de hambre.

Los mercaderes llevan el lodo del pueblo central de Hinche a un mercado en el barrio de tugurios La Salines, de Puerto Príncipe. Dentro del laberinto de mesas con carne y vegetales sobre las que rondan enjambres de moscas, las mujeres compran el lodo y luego hacen las galletitas en lugares como Fort Dimanche, otro barrio misérrimo, para venderlas en la calle o en mercados.

En ese mercado, dos tazas de arroz se venden ahora a 60 centavos de dólar, 10 centavos más que en diciembre y 50 por ciento más que hace un año. Los frijoles, la leche condensada y la fruta han subido a una tasa similar, e incluso el precio de la arcilla comestible ha aumentado en el último año en casi 1.50 dólar. El barro para cocinar 100 galletitas cuesta 5 dólares, dijeron quienes las confeccionan.

Marie Noël vende las galletitas en un mercado para alimentar a sus siete hijos. Su familia también las come.

“Espero tener algún día lo suficiente para alimentarme, así dejo de comer esto”, dijo. “Sé que no es bueno para mí”.

Un reportero probó una de las galletitas de lodo y halló que tenía cierta consistencia, y que absorbía toda la humedad de la boca en cuanto tocaba la lengua. Durante horas le quedó un gusto desagradable a tierra.

Los expertos dicen que los efectos sobre la salud son variados. La tierra puede contener parásitos mortíferos o toxinas industriales, pero también puede suministrar calcio a las mujeres embarazadas, escribió en el 2003 Gerald Callaghan, de la Universidad Estatal de Colorado, en el Centro de Control y Prevención de las Enfermedades.

Pero los médicos haitianos dicen que depender de las galletitas para sobrevivir conlleva el riesgo de desnutrición.“Si veo a alguien comiéndolas, trataré de disuadirlo”, dijo el Dr. Gabriel Thimothee, director ejecutivo del Ministerio de Salud.

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