Hablar de persecución contra los cristianos pareciera un tema de historia antigua, de los primeros siglos de la era actual cuando los emperadores romanos declararon ilegal al cristianismo y persiguieron, encarcelaron y asesinaron a miles de creyentes. O en tiempos más cercanos, de la época del estalinismo en la extinta Unión Soviética, o en la China comunista de Mao Zedong, e incluso en la Nicaragua sandinista de los años ochenta que persiguió y ultrajó a creyentes y sacerdotes.
Sin embargo en algunas partes del mundo se sigue persiguiendo a los cristianos. En varios países asiáticos se reporta un repunte de persecución contra cristianos de parte de grupos extremistas hinduistas e islámicos. En Indonesia, en octubre del año 2005 se reportó la agresión que sufrieron cuatro adolescentes mientras se dirigían a su escuela secundaria cristiana, cerca de la ciudad de Poso. En aquella ocasión, seis enmascarados vestidos de negro machetearon a los cuatro adolescentes y sólo uno de ellos, la joven Noviada Malewa, de 15 años, logró escapar con vida gracias a que luego de ser agredida su cuerpo rodó por un barranco, donde fue dada por muerta por sus atacantes, pero luego fue rescatada por soldados y llevada a un hospital. El argumento o justificación de los agresores es que los misioneros cristianos están forzando o sobornando a su gente para que deje su religión nacional. Pero, por otro lado, ellos mismos obligan a los nuevos cristianos a reconvertirse al hinduismo bajo amenazas de muerte.
Ataques similares están ocurriendo actualmente en la zona este de la India, de parte de extremistas hindúes. En el sitio web www.christiantoday.com se reportó la agresión de parte de cien hombres armados de palos y bombas de fabricación casera, contra cristianos que celebraban un servicio religioso en una villa del distrito de Durg. Los atacantes golpearon brutalmente a los principales líderes y quemaron la gigantesca carpa que albergaba a unas dos mil personas. También se reportó que el 17 de enero recién pasado seis hindúes nacionalistas extremistas atacaron una casa de reunión de cristianos, raptaron a dos de ellos y golpearon brutalmente a los demás en el distrito de Rewa. Asimismo, autoridades locales del gobierno de Malasia han mostrado una creciente hostilidad hacia los cristianos y las masivas conversiones de sus nacionales. Hace poco, se confiscaron libros para enseñanza de niños convertidos al cristianismo, escritos en inglés que contenían la palabra “Allah” así como dibujos de algunos profetas. Las autoridades islámicas argumentaron que esta literatura podía ser ofensiva para los islamistas cuya religión prohíbe la representación gráfica de los profetas.
En los años ochenta era común y frecuente el arresto de clérigos católicos en China de parte del gobierno comunista. Algunos religiosos permanecieron detenidos hasta por diez años. Apenas el año pasado, cuatro líderes religiosos fueron sentenciados a 18 meses de trabajo forzado por un tribunal chino luego de haber sido encontrados celebrando un servicio religioso en una casa particular. La acusación fue por “el delito de involucrarse en la organización y celebración de cultos con el propósito de debilitar el cumplimiento de las leyes del Estado”. No obstante, hay que reconocer que el gobierno comunista chino ha ido abriendo espacios para el ejercicio libre de la religión, sobre todo, entre los extranjeros. Esto es, en parte, consecuencia de su vertiginoso desarrollo económico en los últimos años y el consecuente incremento de inmigración de empresas y grupos occidentales. Sin embargo, todavía la legislación china es sumamente estricta con respecto a la libertad de religión.
India y China, además de ser los dos países más poblados del mundo, están a la cabeza del crecimiento económico y tecnológico mundial. Por lo tanto, la ocurrencia de estos episodios cada vez más frecuentes de agresión contra cristianos de diversas tradiciones es insólita e inaceptable. Los líderes asiáticos tienen la responsabilidad de promover el respeto a los derechos humanos fundamentales, incluyendo el de acoger o rechazar libremente una religión. Si los chinos e indios sientan un precedente positivo en este sentido, el resto de países asiáticos probablemente los van a imitar.
Por lo tanto, sus dirigentes políticos tendrán que revestirse de pragmatismo, ponerse a tono con las nuevas realidades y respetar el derecho de sus ciudadanos de practicar y promover la fe de su elección.