Con una extensión territorial de dos mil 445 kilómetros cuadrados, el municipio de Wiwilí, departamento de Jinotega, apenas tiene 295 kilómetros de caminos y la mayor parte está en pésimas condiciones, por lo que la principal vía de comunicación la constituye el río Coco o Segovia.
Sin embargo, navegando el Coco en uno de los viajes más cortos, desde Wiwilí hasta la comunidad Las Mercedes, el pasaje en bote con motor cuesta 800 córdobas, refiere el transportista acuático Santos Eddy Valle Peralta.
En tanto, ir a Raití vale 18 mil córdobas y si alguien se aventura a ir hasta Waspam, en el Atlántico Norte, el costo superará los 30 mil córdobas.
El municipio está dividido en 17 barrios urbanos y 156 comunidades rurales distribuidas en ocho microrregiones, donde viven 74 mil personas cuya base económica es la producción agropecuaria, especialmente de granos básicos, café y la ganadería.
Una caracterización hecha por el Programa Regional de Seguridad Alimentaria y Nutricional para Centroamérica (Presanca), con presencia en el municipio, indica que el 80 por ciento de la población económicamente activa de Wiwilí está subempleada y que el 70 por ciento de la producción de granos básicos es destinado al autoconsumo.
BUENAS COSECHAS
La cosecha cafetalera apenas está siendo levantada en los territorios de Plan de Grama, Kilambé y El Subterráneo. El cultivo de frijol está en proceso de desarrollo y llenado del grano en la mayor parte del territorio donde al mismo tiempo está saliendo la producción de maíz de postrera, comentó el alcalde liberal de Wiwilí, Ervin Roque Hernández.
“Nuestra gente está en plenas labores productivas, pero tenemos limitantes con las vías de penetración (…) El año pasado, por ejemplo, de parte del Gobierno Central no se reparó un solo kilómetro de camino”, dijo Roque.
Según el edil, las pésimas condiciones de las vías hacen que la mayor parte de la producción de los territorios indígenas y de las microrregiones, Somotines y Wamblán, sea llevada hacia Honduras a través de los ríos Coco y Poteca, donde tampoco existen puestos de control fronterizo.
“En cambio, Honduras sí ha hecho carreteras hasta bajar al río porque le interesa llevarse la producción de nuestro país”, dice Roque. Agregó que “los hondureños compran a mejor precio y en el punto”.
¿DISCRIMINACIÓN?
La religiosa Vilma Ponce Picado, de la Fraternidad Misioneras Betlehemitas en Wiwilí, coincide con Roque al apuntar que “como no hay caminos sólo queda el río y viajar por el río cuesta mucho dinero, entonces se va para Honduras la producción”.
Sin embargo, ella agrega otro elemento: “El miskito y el mayangna siguen siendo marginados y discriminados. Aquí vienen los miskitos a Wiwilí y los discriminan, hay como un miedo porque dicen que son brujos; pero no, ellos son gente perfectamente buena (…) Por eso ellos también van a Honduras para hacer intercambio de cerdos por comida, por ejemplo”.
DEMANDAN SEGURIDAD
Además, el alcalde demandó mayor presencia policial y militar en Wiwilí, porque “se da bastante el delito de abigeato (…) de Wamblán a las profundidades, la mayoría del ganado se vende a los hondureños porque pagan mejor y porque no hay quién los controle. Si van, digamos, cien vacas compradas, pueden ir diez o veinte robadas”.
“La gente vive a la ley propia. En nuestro municipio apenas hay 13 policías para las 156 comunidades”, señaló Roque.