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Némesis y la justicia divina
Luis Sánchez Sancho
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El periodista Santiago Aburto, quien conduce el programa Buenas Tardes Nicaragua, de Radio Corporación, expresó el martes de esta semana su esperanza en que haya justicia en el cielo, ya que no la hay en la tierra, específicamente en Nicaragua. Se refería, Aburto, al caso del individuo norteamericano que fue condenado por el asesinato de una muchacha nicaragüense, quien era su compañera sentimental, pero quedó libre por disposición de un tribunal de Apelaciones de Granada.

El comentario de Aburto me hizo reflexionar acerca de que, en realidad, la falta de justicia en la tierra y la esperanza de que la haya en el cielo, es un problema y una esperanza tan antiguos como la humanidad. Pienso que por eso fue que los griegos crearon el mito de Némesis, la diosa vengativa que castigaba a los que escapaban de la justicia terrenal, sobre todo a quienes cometían delitos de lesa humanidad y lesa divinidad, como el magnicidio y la impiedad.

Némesis guardaba el orden universal, procuraba la rectitud y la justicia, administraba el derecho y repartía el bien y el mal, la fortuna y la desgracia. Para cumplir mejor sus funciones Némesis estableció su residencia en lo más alto del cielo, pues desde allí podía mirar todo lo que ocurría. Y su ayudante era el Destino, un anciano ciego que poseía un cofre del cual sacaba los bienes y los males que Némesis repartía a cada quien según lo que merecía.

Némesis era tan hermosa como Afrodita. Por eso Zeus se enamoró de ella y la persiguió incansablemente, con el propósito de hacerla suya. Huyendo del acoso de Zeus, Némesis anduvo por todo el mundo transformándose en distintos seres, principalmente marinos y acuáticos. Hasta que, por fin, cuando había adquirido la forma de un hermoso cisne blanco, Zeus consiguió atraparla y la poseyó sexualmente.

De aquella relación sexual forzada, Némesis quedó embarazada, pero lo que alumbró fue un huevo que dejó abandonado en el monte. Un pastor lo encontró casualmente y lo llevó a Leda, quien también había sido poseída por Zeus convertido en cisne. Zeus engendró en Leda el huevo del que nacieron los gemelos Cástor y Pólux, mientras que del otro huevo, el de Némesis, nació la bellísima Helena, quien sería la causante indirecta de la Guerra de Troya.

Se dice que el culto de Némesis, como el de muchas otras divinidades griegas, tuvo su origen entre los pueblos de Babilonia, Persia y Egipto. Y se supone que fue Orfeo quien llevó el culto de Némesis a Grecia. El caso es que en la región de Amnota, en el Ática, cuya principal ciudad era la luminosa Atenas, se erigió a Némesis el principal de todos los templos que le fueron consagrados. Otros de sus templos importantes estaban en Samos, Side, Efeso y Esmirna. Y en Roma, Némesis tenía un altar en el Capitolio al que llegaban los guerreros antes de ir al combate, para ofrecerle sacrificios y pedirle su protección.

Némesis era representada por una hermosa mujer coronada con narcisos, pero a veces lucía en la cabeza un cuerno de ciervo, el cual simbolizaba la rapidez con la que actuaba para impartir su justicia vengativa. Se cubría el rostro con un velo, significando que era pura e impenetrable. Y en sus manos tenía una balanza con la que pesaba lo que daba a cada quien, según le correspondía.

También se representaba a Némesis como una hermosa mujer alada, pues, según la leyenda, ella vivía en la tierra pero huyó al cielo decepcionada ante tanta maldad humana y por la contumaz falta de justicia entre los mortales.

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