Tengo tres razones de fondo para defender a Eduardo Montealegre, quien recientemente ha sido el blanco de una sistemática campaña de desprestigio y persecución política de parte de todas las instancias del gobierno de Daniel Ortega, al cual se han sumado, tristemente, algunos de sus más cercanos ex aliados y ex amigos.
En primer lugar, creo firmemente en la honestidad e integridad moral de Eduardo y que durante el tiempo en que fue funcionario público no utilizó su cargo o influencia para beneficiarse él o sus allegados. Es interesante y revelador observar que las acusaciones, en el caso de los Cenis, contra Eduardo, no se dan cuando formaba parte del Gobierno sino hasta que se revela como un formidable candidato presidencial; y arrecian ahora que es el mejor candidato que puede presentar la oposición unificada para la Alcaldía de Managua.
La persecución y hostigamiento fiscal es sin duda de carácter eminentemente político, a como lo fueron los ataques contra Herty Lewites (q.e.p.d.). Si Eduardo (o Herty en su momento) al dejar el Gobierno se hubiera retirado a su casa y no hubiera representado una amenaza para las aspiraciones continuistas de Daniel Ortega, no estuviera viviendo el calvario de citaciones e investigaciones fiscales, que ahora el Gobierno ha hecho extensivas incluso para su esposa Elisa.
Tampoco estuviera Eduardo pasando esta lluvia de investigaciones y sinsabores si hubiera pactado con Daniel Ortega, en lugar de enfrentar con valentía y denunciar los esfuerzos de este por quebrantar nuestra institucionalidad democrática, para sembrar las raíces de una nueva dictadura, emulando en todo lo posible a Hugo Chávez, pero a diferencia de este, con un apoyo minoritario de la población y sin los recursos petroleros.
En segundo lugar, soy amigo de Eduardo y los amigos se conocen mejor en las dificultades que en la cima del poder. Hay un sabio proverbio que dice que los amigos sinceros se conocen en tres circunstancias: en la cárcel, en el hospital o en la bancarrota. Por fortuna, Eduardo no ha llegado a ninguna de esas tres condiciones, pero hay algunos que apuestan que en pocos meses podría estar enfrentando al menos dos.
En tercer lugar, soy leal y agradecido con aquellas personas que han confiado en mi persona y Eduardo es una de ellas. Por tanto, defiendo a Eduardo como miembro del partido ALN, creo en su liderazgo y en su honestidad. Eduardo Montealegre es el líder de la oposición nicaragüense y de los liberales.
Defiendo a Eduardo como liberal, que somos la mayoría en este país y todos los liberales sin apellidos, debemos cerrar filas en defensa de nuestro líder que está siendo objeto de una persecución política injusta.
El mayor pecado de Eduardo fue quizás haber hecho una excelente labor como funcionario público, de la cual jamás se le acusó de un acto indebido de enriquecimiento ilícito, para luego, con ese capital político adquirido y que se evidenciaba en todas las encuestas de opinión, rebelarse contra la cúpula del PLC, cuando sus aspiraciones se vieron truncadas por las aspiraciones continuistas del doctor Arnoldo Alemán.
Esa rebelión, como la de Herty que fue simultánea dentro del FSLN, lo llevó ineludiblemente en curso de colisión contra las aspiraciones continuistas de los caudillos y se convirtió en el segundo candidato presidencial más votado en las elecciones y en el dirigente político más visible de la oposición nicaragüense. Esto, a su vez, lo ha llevado al banquillo de los acusados.
Pero los que deberían de estar siendo acusados y procesados son en realidad los responsables de la creación de los famosos Cenis, los personajes que quebraron los bancos con manejos fraudulentos (como el de la famosa cascarilla de arroz) y obligaron al gobierno del entonces presidente Arnoldo Alemán a emitir los Cenis, para salvar el Sistema Financiero Nacional y con ello la economía del país, que de no haberse emitido los Cenis sin duda alguna hubiera colapsado.
La responsabilidad de Eduardo fue haber renegociado, colegiadamente con los otros directores del Banco Central, las tasas de interés de los Cenis y alargar los plazos de los mismos, para que la carga financiera de la deuda interna fuera menor, algo similar a lo que le corresponde hacer al actual Gobierno, actuando responsablemente y sin desconocer dicha deuda.
Es una asunto de causa y efecto: si el Interbank no hubiera quebrado, si el Banco del Café no hubiera quebrado, si el Bamer no hubiera quebrado, si el Banic no hubiera quebrado, no se hubiera tenido que recurrir a la emisión de los Cenis para proteger los depósitos de los ahorrantes, no se hubiera tenido que emitir con altas tasas de interés, dado el riesgo existente con el Sistema Financiero al borde del colapso y lógicamente, no hubiera habido subasta de los bienes “devaluados” de los bancos quebrados.
Con la misma lógica, si Eduardo no hubiera lanzado su candidatura a la Presidencia, y no constituyera un formidable candidato de la unidad liberal y de todas las fuerzas democráticas para conquistar la Alcaldía de Managua el próximo mes de noviembre, no estuviera siendo objeto de una persecución implacable.