El nepotismo es una forma de corrupción política que consiste en el favoritismo de los gobernantes hacia sus parientes, sobre todo los más cercanos, a quienes por lo general aunque carezcan de méritos los colocan en puestos de mucha influencia y jugosa remuneración. Como lo define Guillermo Cabanellas en su Diccionario Enciclopédico Usual, el nepotismo es la “corruptela política caracterizada por el favoritismo familiar; por la dispensa de honores, dignidad, cargos y prebendas a los parientes y amigos”.
Por cierto que el nepotismo no es un fenómeno exclusivo de ningún país ni sistema de gobierno. Al contrario, se ha dado y se sigue dando prácticamente en todas las sociedades y culturas del planeta, en unas más que en otras, de acuerdo con el mayor o menor grado de desarrollo democrático de cada país y con la educación cívica de su gente, particularmente de su clase política.
En Nicaragua el nepotismo ha sido una constante en la historia política nacional. Según lo explica el doctor Emilio Álvarez Montalván en su libro Cultura Política Nicaragüense, el nepotismo “sucede cuando los parentescos sanguíneos o políticos se convierten en antecedentes obligados para dispensar ventajas, conseguir un alto (cargo) gubernamental, impedir el despido de un puesto mediano o elevado, etc. En esto consiste precisamente el nepotismo, que pretende justificar que parientes sanguíneos o consanguíneos, tengan o no aptitudes, ocupen puestos de relevancia en posiciones gubernamentales”.
Expresa el doctor Álvarez Montalván que el nepotismo “establece privilegios que rompen la igualdad de oportunidades, afecta la eficiencia del funcionario y convierte al favorecido en un dócil cómplice del pariente que lo nombró y en un parásito de la Administración Pública”. Y agrega que: “Por algo la Constitución Política prohíbe la sucesión presidencial a parientes incluidos en diferentes grados de afinidad y consanguinidad”; lo cual, sin embargo, según advierte el mismo estudioso de la cultura política nicaragüense, “no fue obstáculo para que se estableciese en Nicaragua la dinastía Somoza, que duró 43 años, en que fueron presidentes en forma sucesiva, (con intervalos programados) el padre y sus dos hijos”.
A lo escrito por el doctor Emilio Álvarez Montalván habría que agregar que tampoco se ha podido impedir que en los gobiernos posteriores al somocismo se practicara el nepotismo, incluyendo al actual gobierno del presidente Daniel Ortega, el que más bien pareciera estar empeñado en superar todas las marcas del nepotismo criollo. En efecto, gracias a las publicaciones de LA PRENSA sobre los pomposos viajes al exterior que hace el presidente Ortega en lujoso avión privado y acompañado de un amplio séquito familiar, que incluye a nietos, yernos y nueras, la opinión pública nicaragüense e internacional ha podido enterarse un poco del nepotismo que se practica en el actual Gobierno. Lo cual ha sido confirmado por la primera dama Rosario Murillo —quien de hecho cumple funciones de primera ministra según lo ha comentado públicamente el mismo mandatario—, al decir en declaraciones a medios oficialistas que fueron reproducidas por LA PRENSA, que “sus hijos participan en las giras oficiales porque todos tienen funciones específicas en el Gobierno”. Y esto fue ratificado por el mismo presidente Ortega en la cadena de radio y televisión que impuso el martes de esta semana.
Lord Acton (John Francis, 1736-1811), pensador católico y estadista liberal italiano de origen británico, quien se hizo famoso por su frase de que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, escribió también que “no hay peor herejía que la de creer que el poder santifica a quien lo tiene”. Lo cual se refiere al hecho de que hay personas que cuando ejercen el poder político se creen con derecho a hacer todo lo que quieran, aunque sea al margen de la ley y de la ética del servicio público.
Pero la existencia, al menos formal, de un sistema de gobierno basado en controles y contrapesos, es precisamente para impedir o castigar esos abusos. Y si la Contraloría no funciona por los compromisos políticos de sus titulares, los diputados de oposición deben tomar cartas en el asunto. Aunque sea sólo para desenmascarar la hipocresía de un gobernante que truena contra la corrupción que hubo en los gobiernos “neoliberales” y “oligárquicos de derecha”, pero la practica ostentosamente en su gobierno neopopulista de la nueva oligarquía izquierdista de Nicaragua.