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Las guerras de Ortega
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A juzgar por las declaraciones que el presidente Daniel Ortega dio en Venezuela, el recién pasado fin de semana, Nicaragua se encuentra en pie de guerra contra Colombia y Estados Unidos; y la bancada de diputados del FSLN y sus aliados debería estar en este momento preparando y cabildeando una reforma constitucional para restablecer el servicio militar obligatorio.

En efecto, tal como informó LA PRENSA, el domingo pasado, el presidente Ortega denunció en Venezuela “que el Gobierno de Colombia no está acatando el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (de diciembre) y mantiene una vigilancia militar en la zona marítima que ellos han reivindicado como propia, pero que ahora con el fallo de la Corte deja de ser frontera”. Y agregó el Presidente que “Colombia no está permitiendo que los pescadores nicaragüenses lleguen a pescar a esas aguas que pertenecen a Nicaragua y plantea realmente una tensión que va más allá de lo político y lo jurídico… sino que plantea también una tensión de orden militar”. Aseguró Ortega que Colombia realiza “con sus actos de guerra, con sus fragatas, acciones de provocación”, o sea que estamos prácticamente al borde de una guerra con Colombia.

Eso fue el sábado pasado. Al día siguiente, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, junto con el de Nicaragua, Daniel Ortega, hicieron sonar los tambores de guerra contra Estados Unidos, país que según ellos estaría preparando una agresión militar contra Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba; agresión que, en el caso de Venezuela, el Gobierno de Estados Unidos la podría lanzar directamente o por medio de Colombia, con cuyo gobierno Chávez tiene un candente conflicto que hasta ahora ha sido únicamente verbal.

El presidente Ortega aseguró que: “Si se meten (Estados Unidos y Colombia) con alguno de nosotros se estarán metiendo con todos (refiriéndose al parecer a todos los países miembros del Alba), tocar a Venezuela es incendiar la región, tocar a Venezuela es tocar a toda América Latina”.

Acto seguido Chávez anunció el plan de formar unas fuerzas armadas conjuntas de los países del Alba, incluyendo a Nicaragua, al que le “ofreció cooperación para el fortalecimiento de sus fuerzas castrenses, como el mantenimiento a los medios aéreos que tienen en su inventario”, tal como fue informado en LA PRENSA de ayer lunes.

Esas palabras del Presidente de Nicaragua son preocupantes, ya sea que en realidad esté planeando llevar a Nicaragua a una guerra con Colombia y Estados Unidos y aún en el caso de que fuesen únicamente “retórica tropical”, como califican los defensores de oficio de Daniel Ortega sus frecuentes exabruptos presidenciales.

Cabe advertir al respecto, que algunos analistas de la personalidad del presidente Ortega, inclusive personas bastantes cercanas a él, advierten que es necesario separar su retórica populista, revolucionaria, antiimperialista y belicosa, de sus hechos políticos que son realistas, pragmáticos y oportunistas.

En realidad, el presidente Ortega despotrica contra el Fondo Monetario Internacional, pero se entiende fácilmente con esta institución y cumple casi al pie de la letra sus indicaciones; truena contra el imperialismo yanqui, pero le hace propuestas satisfactorias a Estados Unidos, como en el caso de la destrucción de los misiles Sam-7; denigra el programa estadounidense de la Cuenta Reto del Milenio, pero cuando llega al país su director lo abruma con elogios para sacarle más recursos económicos; jura amistad y fidelidad al Presidente de Irán —quien niega el Holocausto y dice que hay que borrar del mapa del mundo al Estado y la población de Israel—, pero en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas rinde homenaje a las víctimas del Holocausto. Y así por el estilo.

Cabría suponer o esperar, entonces, que el lenguaje incendiario de Daniel Ortega del fin de semana pasado en Caracas, era sólo para agradar a Hugo Chávez y obtener de él más ayuda económica y material. Pero, si Ortega ya arrastró a Nicaragua, en los años ochenta, a una guerra de implicación internacional, ¿por qué no podría volver a hacerlo ahora, en otras condiciones y con distinto pretexto, pero con el mismo objetivo? Y en todo caso, ¿por qué confiarse?

La verdad es que con gobernantes de este tipo cualquier disparate o barbaridad se puede esperar.

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