Les advertimos que no deben hablar con personas extrañas o abrirle la puerta a un desconocido. Procuramos también controlar dónde juegan, qué ven en la televisión y qué videojuegos les permitimos tener.
Pero a menudo nos olvidamos de las medidas preventivas cuando se agarran al ratón de la computadora y empiezan a “viajar”, como si lo hubieran hecho toda la vida, por las autopistas de la información.
Algunos le llaman “espacio cibernético”, otros “vía digital”. Cualquiera que sea el nombre, hay millones de personas hoy día que conectan sus computadoras personales o en los centros de trabajo o estudio, a líneas telefónicas o la red con el fin de estar “en línea”.
En sus inicios, los servicios “en línea” parecían destinados exclusivamente al mundo de los adultos, pero esto ha cambiado. Si bien es cierto que una gran parte de los servicios de conexión proporcionan recursos como enciclopedias, noticieros, acceso a bibliotecas y otros materiales educativos de valor, servicios de gran utilidad para la formación de nuestros hijos, siendo este el “lado amable”, existen riesgos que suelen ser peligrosos.
La fascinación que les provoca el ir de un lado a otro con un simple movimiento de dedo puede generarles una curiosidad casi compulsiva. La inmediatez con que se ejecutan los cambios de rumbo dentro de la red les crea la necesidad de una urgente gratificación y de una constante retroalimentación. El no obtener esto de forma satisfactoria puede provocarles ansiedad y nerviosismo.
Otros factores de riesgo que no debemos menospreciar es que puedan acceder a contenidos y materiales gráficos no aptos para niños, como sexo, violencia, drogas…
Debemos también advertir a nuestros hijos sobre los peligros que puede conllevar el hecho de que, por inconsciencia, faciliten información personal o de la familia a otro usuario en ocasión de un encuentro por chat u otra vía.
La mejor manera de asegurar que sus hijos tengan experiencias positivas al hacer uso de los servicios en línea es interesarse por lo que hacen. Una forma de hacer esto es pasar tiempo con ellos mientras están usándolos. Pídale que le muestren lo que hacen y que le enseñen cómo tener acceso a los servicios que ellos usan.
Si bien es posible que le soliciten un poco de privacidad, atendamos a su solicitud, pero no les dejemos a sus anchas. Dejémosles preparados los sitios aptos para visitar en el menú Favoritos y controlemos el historial de páginas visitadas.
Las mismas habilidades y estrategias que somos capaces de desarrollar para controlarles en la vida diaria sin que ellos se sientan controlados, deben ponerse en funcionamiento cuando nuestros hijos se dispongan a descubrir lo que encierra el fabuloso Universo-Internet.
Recuerde que la comunicación abierta con sus hijos, la vigilancia adecuada y el uso personal de los servicios en línea le ayudarán a obtener el máximo beneficio de estos sistemas y le alertarán sobre cualquier problema potencial que ocurre al usarlos.