Barney, el dinosaurio de la tele, sufría. Le habían pegado tantos golpes a las 10:00 de la mañana ayer que el cuerpo lo tenía hecho un guiñapo, y entonces cuando todo mundo lo daba por muerto, y con su interior dulce a la vista de todos, apareció su salvador.
El doctor Arnoldo Alemán, condenado por corrupción, ex presidente y caudillo liberal, acababa de llegar a Las Canoas, un pueblo polvoso y ventoso que debe su origen a su antisandinismo, cuando los niños dejaron de pegarle a la piñata con el cuerpo del dinosaurio, que había estado durante más de una hora colgando de un mecate porque los liberales esperaban a su líder.
Minutos antes que hablara “el hombre”, como lo llamó un señor de gorra blanca con las siglas del PRN (Partido Resistencia Nicaragüense), el diputado Wilfredo Navarro de pie sobre una silla, obligado para hacerse oír porque el micrófono se dañó, había perdido el paso y por poco cae sobre una mesa después que un borracho lo saludó y lo haló de la mano.
“Jueputa, hombre”, alcanzó a decir apenado, mientras un guardaespaldas lo agarró del cargador del pantalón. Navarro regalaba esa mañana juguetes a los niños de esta comunidad y Alemán era su invitado.
Minutos después Alemán tomó la palabra, con una gorra anunciando presidente 2006, vestido de rojo y caqui, un uniforme con que él parece dormir, y se subió también en la silla. ¿Aguantará el asiento?, se preguntaban los asistentes, pero las dudas naturales ante el sobrepeso del ex mandatario se calmaron y el grito de ¡Arnoldo!, ¡Arnoldo! ¡Arnoldo!, invadió el local de paredes verdes. Él estaba feliz, dejándose querer y saludando a los frenéticos candidatos a la Alcaldía de Tipitapa, que se acercaron con un “mi jefe”, “doctor”, o un rotundo “yo soy arnoldista 100 por ciento”.
Unidad liberal
Antes de eso los niños corrían, vitoreaban la destrucción de Barney, y sus madres se tomaban fotos al ritmo de dos o tres canciones de Dimensión Costeña, que se repitieron a lo largo de la espera. Pero el visitante cambió todo. Se empezó a hablar de la unidad del liberalismo, dividido desde las elecciones presidenciales pasadas entre quienes siguen a Alemán y quienes van con Eduardo Montealegre.
“Necesitamos la unidad, nosotros ya probamos que la unidad se dio en el pasado cuando llevamos a Arnoldo Alemán al poder”, dijo Navarro, que criticó de paso a Montealegre y a las cúpulas que impiden que las bases se acerquen.
A un señor, de gris, le parecía aquello una mentira. “Cómo hablan de la unidad si ni siquiera invitaron a los de ALN (Alianza Liberal Nicaragüense). La vez pasada se los dije y dijeron que era de la gente de Eduardo; ahora van a salir con que soy sandinista, pero es verdad. Yo no sé cómo quieren ganar las elecciones”.
Pero si faltaba más para entender el acto de ayer, ahí están los símbolos. Alemán se hizo acompañar de Haydée Osuna, la candidata a vicealcalde que le quiere imponer a Montealegre para que se convierta en alcaldesa, si en un dado caso inhiben al banquero por el caso de los Certificados Negociables de Inversión. Y ella hizo lo suyo. Despotricó también en medio del barullo.
Cuando Alemán se fue aún no entregaban los juguetes. El desorden reinaba. Luego de una hora, sudado y enrojecido como la camisa que nunca se despega, Alemán sólo podía mostrar un resultado: había salvado a Barney, el dinosaurio morado, amigo de los niños.