Es injustificable y de hecho un atropello humano que los empleados bancarios, a excepción de los gerentes, reciban un bajo salario que no compensa los altos costos de la vida actual, porque el córdoba constantemente se devalúa. Los banqueros, que son un poder económico en el país, duplican sus groseros procedimientos al no reconocer ni pagar las horas extras a sus empleados que a tiempo completo dejan su juventud y parte de sus vidas en una sucursal bancaria, poniendo a prueba toda su capacidad sin alcanzar los beneficios que se merecen.
El único aumento que reciben los empleados bancarios que laboran en las áreas de Operaciones, Créditos, Servicios Bancarios y Caja, es el volumen de trabajo que se les asigna, sumándose a ello la enorme responsabilidad de la cual tiene que dar cuenta. La canasta básica anda por los cuatro mil córdobas. ¿Puede un empleado de cualquier sucursal bancaria tener capacidad económica para comprarla si su escuálido sueldo apenas le da para lo más necesario?
La empresa privada debe hacer justicia a quienes laboran en el Sistema Financiero. Los empleados bancarios son personas con igualdad de derechos y uno de estos consiste en ganar un sueldo satisfactorio que les permita vivir con dignidad. Por ejemplo: una cajera diariamente se enfrenta a un delicado trabajo y como rendimiento en sus labores se le exige, digamos, hasta lo imposible, como si únicamente fuese sujeta de obligaciones y nada de derechos.
¿No se han puesto a pensar los empresarios privados de la banca en la enorme responsabilidad que una cajera, u otro empleado de una sucursal bancaria carga sobre sus hombros, frente a las muchas exigencias del público? El cliente mismo en vez de asumir una postura de comprensión hacia una cajera, se vuelve implacable en sus exigencias queriendo que los servicios que invoca se hagan con prontitud excepcional.
El recibir o entregar dinero tiene una responsabilidad muy grande y el público que se halla frente a una ventanilla de una sucursal bancaria debe entender el grave riesgo que corre una cajera al caer involuntariamente en alguna falla. Una cajera después de sus horas de trabajo tiene que quedarse todavía dentro de su área de servicio, sacrificando su cerebro buscando cómo le cuadren las cuentas. Y de ese sacrificio ¿qué público le da mérito si más bien estamos acostumbrados a ser injustos?
Los empleados bancarios, sobre todo, las cajeras merecen un aumento de sueldo. Ellos son personas humanas con dignidad y hay que darles un trato que los haga sentirse bien, no esclavos de una sociedad de consumo donde la “lógica” del más fuerte domina por encima de cualquier consideración.