En la revista Magazine, de LA PRENSA, edición del domingo 13 de enero 2008, se publicó un artículo titulado De Danilo a Angela, acerca de un nicaragüense que cambió su sexo de masculino a femenino. Y a propósito de esa publicación, un lector regular de esta columna me ha preguntado que si en la mitología griega hay algún mito y personaje que represente la transexualidad, por ejemplo, como Hermafrodito simboliza la bisexualidad.
La respuesta es que sí hay un mito al respecto y la leyenda es la siguiente:
En una ciudad llamada Larisa, de la región de los lapitas que formaba parte de la antigua Tesalia, un rey llamado Élato tenía una hija muy linda a la que había puesto el nombre de Cenis. Como la princesa Cenis era tan bella, Poseidón, el dios de los mares, quiso poseerla sexualmente. Pero la hermosa doncella se resistía.
Tanta fue la insistencia del poderoso Poseidón, que Cenis terminó aceptando su pretensión amorosa, pero con la condición de que después de poseerla la convirtiera en varón. Cenis no estaba satisfecha con su condición femenina y soñaba con ser hombre, participar en grandes aventuras y realizar heroicas hazañas. Accedió Poseidón a la petición de Cenis y después de amarla la convirtió en un apuesto varón, con todos los atributos masculinos. Y en vez de Cenis se llamó Ceneo.
Pasó el tiempo y Ceneo fue uno de los Argonautas, los legendarios aventureros que, comandados por el héroe Jasón, fueron a la Cólquide, donde ahora es el Cáucaso, para apoderarse del Vellocino de Oro. Aquellos intrépidos viajeros fueron conocidos como los Argonautas, porque la nave en que viajaron tenía el nombre de Argo, o sea “veloz”. Eran cincuenta personas, 49 hombres y una sola mujer. Algunos eran hijos de dioses, como Perilímeno, Melampo y Ascálafo; otros, príncipes y nobles, como Peleo, Laertes y Oimeo; iban deportistas, como los boxeadores espartanos Cástor y Pólux, o expertos trabajadores como el apicultor Butes. Pero los más prominentes de los Argonautas, aparte de Jasón, el comandante de la expedición, eran el súper héroe Heracles (Hércules) y el músico y médico divino Orfeo. Y la única mujer era Atalanta, la célebre virgen cazadora que había participado en la cacería del legendario Jabalí de Calidón.
El varón Ceneo (que antes había sido la hembra Cenis) participó de manera destacada en la expedición de los Argonautas, la cual, en realidad, según asegura el escritor español Javier Reverte en su libro Corazón de Ulises, fueron “los primeros grandes exploradores de la que, en los siglos siguientes, sería la exploradora Europa”.
Después de que los Argonautas cumplieron su cometido en la Cólquide y regresaron a Grecia, Ceneo participó en la famosa batalla de los lapitas contra los Centauros, quienes, como no podían vencerlo con sus armas lo sepultaron vivo bajo una montaña de abetos. Y cuenta la leyenda que entonces Ceneo bajó al Tártaro, como se llamaba la parte del infierno o mundo del más allá a donde iban los que en vida habían sido malvados.
Pero Ceneo no había cometido ninguna maldad que lo hiciera merecedor de ese castigo eterno. De manera que según otra leyenda Ceneo logró escapar de debajo de la montaña de árboles en la que los Centauros lo habían sepultado, al ser convertido por los dioses en un hermoso flamenco hembra de alas resplandecientes. Y así, vuelto a su original condición femenina, Cenis voló hacia los cielos donde se encuentra desde entonces y para siempre.