Los jubilados y pensionados que recibían su pago mensual del INSS a través del Banco de la Producción (Banpro) estaban razonablemente satisfechos con el servicio. Desde luego que, como siempre hay excepciones, algunos jubilados y pensionados tuvieron experiencias negativas. Pero las excepciones sólo confirman la regla. El Banpro había acondicionado un área para la atención exclusiva de los pensionados en todas sus sucursales. Construyó quioscos para protegerlos del sol y la lluvia. La fila de los madrugadores nunca pasaba de veinte o treinta personas. Y como el servicio era fluido, la gente era atendida en un tiempo aceptable. En algunas sucursales había incluso un botellón de agua purificada a disposición de los que esperaban.
Sin embargo, repentinamente a uno de los “genios” del actual Gobierno que se distingue por su mediocridad e ineficiencia, se le ocurrió que los pensionados debían ser atendidos en las sucursales del INSS “para mejorar la atención a los jubilados, ya que el personal de la banca privada los maltrata”. La nueva modalidad de pago, según comunicado del INSS, era para mejorar las condiciones y calidad de la atención a las personas que se pagaban su pensión en las sucursales de Banpro Portezuelo, Ciudad Jardín, San Luis, Rocargo, Altamira y Centro Comercial Managua.
De acuerdo con esa disposición, a partir del 21 de enero corriente el INSS pagaría las pensiones en cajas ubicadas en sus propias sucursales. Pero ese día lo que se hizo evidente fue que las autoridades del INSS, en vez de “mejorar las condiciones y calidad de la atención”, empeoraron la situación y prácticamente crearon un caos. Sobre todo en la sucursal del Centro Comercial Managua, se aglomeraron centenares de jubilados irritados, frustrados y sudorosos, esperando que los atendieran. Retirar sus pensiones, de pronto se volvió un terrible dolor de cabeza .
En realidad, lo que había sido una operación relativamente fácil y simple, se convirtió de la noche a la mañana en un trámite angustioso, en el que se tenía que forcejear para ser atendido. Se impuso la mediocridad y la ineficiencia. Las autoridades del Banpro fueron las más sorprendidas al saber de la decisión del Gobierno, e invitaron a los funcionarios del INSS a que recorrieran las sucursales de dicha entidad bancaria, para que comprobaran lo adecuado y eficiente del servicio y la calidad de las instalaciones. Desde luego que nadie del INSS hizo caso a tal invitación, porque no se trata de una decisión pensada con la inteligencia sino impulsada por el hígado, como la mayoría de las decisiones que se toman en el gobierno Ortega-Murillo. Según el presidente ejecutivo del INSS, la medida se tomó para evitar que los jubilados sigan siendo tratados como “clientes de cuarta categoría”, pero con el cambio de sistema los pensionados sienten que fueron despojados de cualquier categoría.
La verdad es que todo lo que este gobierno toca, lo trastorna para mal. Se autorizó la atención indiscriminada en las Empresas Médicas Previsionales (EMP) y la calidad del servicio empeoró. Si antes se ofrecían algunas medicinas básicas, hoy los pacientes no reciben nada. La atención del personal médico y de enfermería pasó de regular a pésima. Los doctores apenas se percatan de quién es el paciente a quien atienden. No tienen tiempo para auscultarlo porque la fila de espera es inmensa. El asegurado se siente como un limosnero rogando un poco de caridad, cuando en realidad cada mes su salario es disminuido sensiblemente por una cotización, por lo demás muy alta, si se considera el monto de los salarios y la calidad y cantidad del servicio recibido.
Un desastre similar se produjo con la educación pública. Las escuelas primarias y los colegios de secundaria no tienen capacidad para atender al número de estudiantes matriculados. El hacinamiento y la falta de recursos pedagógicos anula o degrada el proceso enseñanza-aprendizaje. El desastre de la educación básica quedó plasmado en los resultados de los exámenes de admisión en la Universidad Nacional (UNAN) donde más del 90 por ciento de los estudiantes examinados no pasó las tres pruebas que se les realizaron.
A este paso, luego de los cinco años del gobierno Ortega-Murillo, de lo que se pudo construir en los últimos 17 años sólo quedarán escombros y cenizas.