El pasado 18 de enero se cumplieron 141 años del nacimiento de nuestro más ilustre poeta: Rubén Darío. Un hombre que revolucionó completamente los cánones de la poesía, proyectándola a una nueva visión de la realidad, en donde se dejaron atrás las formas y modelos tradicionales por una poesía social, más comprometida con el hombre y el papel que juega en nuestra sociedad.
La poesía de Rubén está llena de ese misticismo y ensueño que provocan al lector enajenarse en cada uno de sus versos. La cabalidad y majestuosidad de su pluma es única y original, a como él mismo lo afirma en sus palabras liminares de “Prosas Profanas”: “mi literatura es mía en mí…”
Rubén desborda agitadamente ese derroche de genialidad y la vuelca en cada uno de sus magníficos poemas, brindando acertadamente un valor preciso y realista.
La majestuosidad de Darío se puede apreciar en cada una de las etapas de su poesía, desde la chilena, en sus inicios hasta la final; cuando ya sus fuerzas lo abandonan y regresa a la patria desde donde un día partió persiguiendo un sueño y adonde regresó para morir como un hombre que amaba a su patria.
Félix Rubén García Sarmiento, mejor conocido como Rubén Darío, nuestro ilustre príncipe de las letras castellanas y nuestro orgullo universal.
Que bueno que todavía tenemos personalidades que aunque ya no están con nosotros físicamente, su legado nos llena de orgullo y satisfacción; hombres que dieron todo su empeño y sacrificio para poner en alto el nombre de nuestro país y sobre todo demostrar que los nicaragüenses valemos mucho.
Hoy día debemos seguir el ejemplo de nuestro querido poeta; y así como Darío tocó, trastocó y renovó los moldes estróficos tradicionales del verso y la prosa universales, nosotros los nicaragüenses podemos cambiar a nuestra empobrecida Nicaragua.
Sembremos el ánimo y la esperanza en cada uno de nosotros, principalmente en nuestros jóvenes que son nuestro futuro para que algún día lleguemos a tener una Nicaragua libre y soberana, o como también decía nuestro muy estimado y recordado Pedro Joaquín Chamorro, quien el pasado 10 de enero cumplió 20 años de su cruel y cobarde asesinato: “Nicaragua, volverá a ser República”.
Apartemos las envidias y las ambiciones de poder desmesuradas. Dejemos atrás los revanchismos y los rencores; pero sobre todo luchemos todos juntos para que este 2008 sea un año venturoso, y en donde el amor a nuestro prójimo, la honestidad y sobre todo la verdad, sean los sentimientos que reinen en cada uno de nuestros corazones.
Dios Salve a Nicaragua