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Comenzó la cuenta regresiva para el presidente Hugo Chávez
Alberto Briceño
El autor es Analista político venezolano.
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Caracas (AIPE)- Hugo Chávez ha llegado muy lejos, repartiendo generosos regalos dentro y fuera de Venezuela, echando la culpa de todos los males al “imperio” norteamericano y también gracias a su impresionante facilidad de mentir. Pero su racha de éxitos y gran popularidad ya comenzó a caer en 2007, cuando expropió a la principal empresa telefónica y a las compañías eléctricas privadas, le quitó la señal y los equipos de transmisión y antenas a RCTV, el principal y más popular canal de televisión. Luego quiso cambiar la Constitución que en 1999 le habían redactado sus mejores amigos, con el fin de perpetuarse en el poder, montar un sistema de gobierno copiado de Cuba y legalizar actuaciones que venía haciendo al margen de la ley. En diciembre, después de tener el famoso altercado con el rey de España, perdió por primera vez una elección y se comenzaron a destapar los sucios tratos con los guerrilleros de las FARC sobre la entrega de tres secuestrados.

Pero la razón fundamental de su derrota electoral fue la inflación, la más alta de Latinoamérica, a pesar de llevar casi cinco años tratando de combatirla con estrictas regulaciones, controles de cambio y de precios. Y el año 2008 va a resultar catastrófico para Chávez por las razones que describo seguidamente y otras más que no tengo espacio para mencionar.

Desde comienzos de año, el bolívar tiene tres ceros menos y se le llama “fuerte”. El gobierno ha venido prometiendo a la población que ese nuevo bolívar se inscribe dentro de una economía “fuerte”. Pero la verdad es que en Venezuela ya no queda nada fuerte, más allá que el precio del petróleo. La petrolera estatal PDVSA cada día produce menos. El Banco Central no hace más que imprimir dinero alocadamente y entregarle al Gobierno los dólares provenientes del petróleo, sin exigir compensación ni cuentas, por lo que está quebrado. Otras empresas estatales están paradas o muy debilitadas por los esfuerzos en colectivizarlas más de lo que ya estaban. Las calles se hunden y los puentes y carreteras se derrumban. La producción empresarial sigue cayendo por falta de nuevas inversiones y porque están estranguladas por inflexibles controles de precios y de cambio. La inflación alcanzó 22.5 por ciento en 2007 y será aún mayor este año.

Los controles de precio han hecho tanto daño que se anuncia una mayor flexibilidad. La tasa de cambio oficial de 2.15 bolívares fuertes por dólar es tan baja que ni el petróleo a 100 dólares puede satisfacer la demanda de dólares. Ante ese problema tan grave, la respuesta del Gobierno es amenazar con severas penalidades financieras a quienes hablen del precio no oficial del dólar.

Difícilmente podrá Chávez explicar la diabólica combinación de inflación y escasez que confrontaremos los venezolanos este año, a pesar de la multiplicidad de controles y del llamado bolívar “fuerte”.

La telefónica y las empresas eléctricas estatizadas podrán bajar tarifas y hasta dejar de cobrarlas, pero el servicio de luz y teléfonos se deteriora día tras día hasta alcanzar el típico desastre de las demás empresas politizadas.

No se ha fijado la fecha, pero a fin de año habrá elecciones de gobernadores y alcaldes. Perderlas sería trágico para Chávez. El domingo 6 de enero, Chávez pidió el respaldo de la clase media y hasta de sectores empresariales, pero la clase media está resentida por la horrible inseguridad personal, la escasez de prácticamente todo lo que necesita para vivir decentemente y al ver que sus hijos buscan oportunidades de trabajo en el extranjero porque desaparecieron en Venezuela.

Los controles de cambio han dificultado mucho los viajes al exterior, pero los venezolanos podían hacer compras de hasta 3,000 dólares al año vía internet con sus tarjetas de crédito. Esa cantidad fue drásticamente reducida hace unos días a apenas 400 dólares al año y se prohibieron las tarjetas prepagadas, lo cual le cierra las puertas a quienes no tienen buen crédito.

Por tantas razones, la clase media dejó de apoyar a Chávez y los pocos empresarios que lo apoyan son aquellos que se han beneficiado del robo gubernamental de haciendas, fincas ganaderas y fábricas, una pequeña minoría de nuevos multimillonarios chavistas, a quienes les interesa mucho más colocar su dinero mal habido en Suiza o Gran Caimán que invertirlo en Venezuela.

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