Muchos de ellos habían madrugado para ser los primeros en reclamar el sellado de su pasaporte.
La visa ya la pagaron en el banco. Con maleta en mano decenas de nicaragüenses esperaban trasladarse al menos a la frontera Sur, que les aproximara un poco la distancia con Costa Rica, pero inesperadamente el Consulado en Managua suspendió el horario de atención.
Aunque les habían anunciado que la atención se extendería hasta la 1:30 p.m., ayer de forma inesperada las autoridades suspendieron el servicio, según los presentes debido “a un molote” que se registró a la entrada del Consulado.
Decenas de nicaragüenses reeditan cada día las mismas escenas: largas y tediosas filas. Para obtener un lugar más próximo a la puerta del Consulado hay personas que les cobran hasta 100 córdobas o más.
La mayoría desistió de regresar a sus viviendas, en su mayoría provenientes de ciudades del interior del país, para evitar nuevos gastos.
Eddy Castillo, oriundo de Estelí, quien después de un año de haber regresado a Nicaragua, retorna nuevamente en busca de un trabajo en el sector de la construcción, reclamó porque ayer para poder avanzar les cobraban 100 córdobas por el sitio que otros habían reservado. Según él, de eso se estaban aprovechando incluso supuestos policías, pero que no supo identificar. “Todo es negocio aquí”, dijo Castillo.
Mientras, Evelyn Vargas lamentó que una vez al año puede viajar al país y cuando lo hace debe enfrentar este tipo de atrasos.
La Embajada de Costa Rica suspendió las entrevistas directas a funcionarios del Consulado; alegando que es debido a la gran cantidad de personas que deben atender.