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El presidente venezolano Hugo Chávez, quien hace cinco días volvió a ofrecer el cielo y la tierra a Nicaragua, olvidó algunas promesas viejas y añadió nuevas, pero sobre todo creó más dudas sobre el futuro de sus proyectos.

Hace un año, cuando Chávez vino a la toma de posesión del presidente Daniel Ortega, prometió financiar la construcción de 200 mil viviendas en Nicaragua en cinco años. No han hecho ni una.

Lo irónico es que en Venezuela hacen falta más de dos millones de viviendas y el gobierno de Chávez sólo ha construido un promedio de 40 mil anual, durante nueve años.

Para economistas venezolanos bien informados, como José Guerra, al llegar Chávez al poder el Estado abandonó la construcción de viviendas para gente pobre; y los hechos muestran que los gobiernos anteriores construyeron más de 80 mil casas por año, el doble de lo conseguido por el actual Presidente “socialista”.

La semana pasada, en su cuarta visita a Nicaragua en un año, Chávez olvidó repetir la promesa de las 200 mil viviendas y, en un virtual desvío de ruta, se interesó en la construcción de un estadio de beisbol y hasta en el canal interoceánico.

El estadio, como el que Ortega sugirió a Chávez, costaría 40 millones de dólares, mientras el canal requeriría cerca de 20 mil millones de dólares.

Cada día es más evidente en Nicaragua cómo Chávez ofrece lo primero que se le ocurre, sin analizar lo que cuesta ni su factibilidad.

Eddie Ramírez, ex funcionario de la petrolera estatal venezolana PDVSA y hoy coordinador de la asociación Gente del Petróleo, me dijo en una entrevista el año pasado: “Aquí en Venezuela se trabaja en base a ocurrencias de las noches de insomnio de Chávez... Una noche se le ocurrió que había que llevar gas de Venezuela a Argentina y movilizó a todo el mundo. Luego se dieron cuenta de que no era seguro que Venezuela tuviera suficiente gas”.

El miércoles último, Chávez afirmó en Managua que ya comenzó la construcción de la refinería de petróleo en Nicaragua y puede ser concluida este año.

De inmediato, un miembro de su comitiva le hizo señas de que eso era imposible. Chávez titubeó y después de oír la explicación, aclaró que construir la refinería es un asunto de hasta cuatro años. Por lo visto, el Presidente venezolano desconoce la dimensión de sus promesas y por dónde andan en la realidad.

Ninguna refinería han empezado a construir en Nicaragua, tal como aclaró luego el Ministro de Energía nicaragüense, Emilio Rappaccioli, al indicar que sólo trabajan en la instalación de dos tanques para almacenar combustible.

Otra ironía es que mientras Hugo Chávez prometía a Nicaragua petróleo y energía para un siglo, en Venezuela las refinerías El Palito, El Cardón y Amuay estaban fuera de servicio o funcionando a medias por fallas mecánicas, que los trabajadores atribuyen a la poca inversión del gobierno en esa industria.

De todo lo que dijo Chávez en Managua, lo real es que su gobierno necesita importar más alimentos, porque en Venezuela cada día aumenta la escasez de leche, carne y granos. Si él tiene con qué comprar, hay que venderle, como a cualquier comprador. Lo demás, es retórica, ilusionismo.

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