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La revolución necesaria está en la universidad
Azucena Castillo
La autora es Consultora Internacional, Máster en Administración de Empresas y catedrática en la Universidad Thomas More
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La revolución del conocimiento trae retos de competitividad en tres niveles: país, empresarial y profesional.

Nicaragua entró en un proceso de apertura en 1949 con la OMC, pero la inconsistencia de las políticas gubernamentales, la debilidad institucional, la cultura rentista empresarial, y una oferta académica obsoleta a la demanda de los mercados laborales, han sido entre otros, factores que han limitado sus posibilidades relativas para aprovechar oportunidades y enfrentar desafíos en esos tres niveles.

Si bien Nicaragua es un país de riqueza modesta, con una carga de pobreza agobiante, sus recursos naturales, medio ambiente y posibilidades humanas no han sido explorados desde una perspectiva de largo plazo, sino abusados o ignorados del todo. Por eso sus ventajas competitivas son poco atractivas a esa inversión responsable y comprometida con el futuro de sostenibilidad y modernización tecnológica de la época para aprovechar oportunidades y enfrentar desafíos.

Los costos de transacción, la infraestructura productiva —comunicación, energía, transporte—, la transparencia y la seguridad para hacer negocios son temas pendientes, igual que la atención a la microeconomía. Sin embargo, el Cafta y la perspectiva con la Unión Europea, entre otros esquemas, abren vías para que Nicaragua pueda mejorar su posición competitiva en el exterior.

A nivel empresarial el rezago es significativo; y aún cuando las oportunidades de los TLC han logrado despertar a algunos de su letargo, todavía persiste cierta cultura rentista amparada en el proteccionismo contraproducente a la competitividad. No obstante, la integración comercial ha venido a propiciar la competencia donde las Pymes podrían abrirse campo. En ese sentido, urge una estrategia de desarrollo empresarial a partir de la transformación agroindustrial y tecnificación de la mano de obra, aprovechando los períodos de gracia para exportar con preferencias a mercados como el de Estados Unidos y Europa. Los efectos estáticos y dinámicos de la integración pueden ser una oportunidad o una amenaza que para enfrentarlos se necesita de alianzas Sector Privado-Universidad-Estado, tal como se establece en la Agenda Complementaria al Cafta.

A nivel profesional, el reto está en función de la actitud personal y la calidad de la educación que en los centros educativos y universidades se ofrece a los egresados que deberán competir con base en la creatividad, investigación e innovación. La competencia humana se va arreciando porque la tecnología y los acuerdos en servicios profesionales cada vez son más agresivos. En la nueva visión las empresas son concebidas como multinacionales, y en Nicaragua, donde resulta más difícil atraer inversiones, los egresados deberán probar su éxito recuperando la inversión en su educación ya sea como ejecutivos a cargo de negocios o en su propia unidad productiva.

Por tanto la universidad tiene que ser factor de cambio, “actor formador y de servicio”. Complementando los esfuerzos del inserción gubernamental, apoyando la reconversión empresarial, y garantizando, sin abandonar su misión humanística, esa educación basada en el conocimiento que plantea el desafío del mercado en el siglo XXI, cuyos resultados se midan por la satisfacción de sus clientes y la comunidad.

Nicaragua necesita urgentemente enchufarse con esa calidad de gente que demanda la globalización impulsada por la revolución del conocimiento. El conocimiento se convierte en el recurso económico clave, y su templo es la universidad.

El conocimiento involucra más allá de una cultura y educación tradicional. La creatividad, la investigación y el desarrollo, diseño y marketing, son elementos transversales en cualquier industria, servicio, proceso, producto, empresa o profesión, más allá que el habitual enfoque de la administración, organización, contabilidad de costos, etc. Ninguna empresa, institución o profesional o técnico, puede considerarse rumbo al éxito sin tener acceso y usar la nueva ventaja competitiva “conocimiento”.

No sólo las personas con inteligencia superior pueden manejar el conocimiento para lanzar una invención o desarrollar un servicio innovador. El siglo XXI lo pone a disposición de todos, y la universidad moderna debe acumularlo y compartirlo sistemáticamente para formar esas nuevas generaciones de técnicos y profesionales que se necesitan.

Desde la nueva perspectiva de cambio a Nicaragua se le abre una rendija de luz hacia un futuro más brillante, donde las universidades deben consolidar su misión humanística acorde a los tiempos de la revolución tecnológica.

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