Frente al Ángel de la Independencia, la Torre HSBC, de 136 metros de altura, se levanta como uno de los edificios más característicos del Paseo Reforma, la avenida principal de la capital mexicana.
No obstante, desde que se transformó en la primera construcción de América Latina en recibir la certificación Leed-Gold, por el estadounidense Consejo Internacional de Edificación Verde, la matriz mexicana del HSBC es un emblema de la arquitectura ecológica de toda la región. El edificio inaugurado en 2006, posee un sistema de iluminación inteligente, otro de moderación del consumo de agua y, su innovación más llamativa, una azotea verde.
Que los arquitectos de la Torre HSBC dedicaran 540 metros cuadrados del décimo nivel de su torre de estacionamientos a armar un jardín de cactáceas, no sólo fue para darle un original elemento decorativo a un espacio público. También responde a una de las últimas tendencias en construcción con respeto al medio ambiente y rentabilidad económica.
Esto porque no sólo se trata de hacer utilizable un espacio que antes no lo era, sino también porque al ser construcciones ecológicas y tener vegetación contribuyen a la captación de partículas contaminantes, fortalecen la generación de oxígeno y se comportan como un aislante de la temperatura externa, lo que permite disminuir el uso de aire acondicionado o de calefacción en las edificaciones.
Aunque en HSBC no hay cálculos sobre el aumento concreto del valor del inmueble producto de esta azotea y del “edificio verde”, sobre la base de estudios hechos en Estados Unidos se estima que la plusvalía de las edificaciones con techos verdes puede ser de hasta un 15 por ciento. “En Estados Unidos los ahorros de energía pueden ser de hasta un 25 por ciento”, dice Guadalupe Orozco, líder del proyecto de medio ambiente de HSBC.
Estos beneficios se logran a partir de la naturación, como se conoce a la técnica de crear techos verdes y que va mucho más allá de instalar un par de plantas sobre una azotea. Se trata de una capa completa de vegetación que se forma sobre otra de sustratos (que sostiene a la planta) y membranas impermeabilizantes que impiden que la humedad llegue al interior del inmueble. Estos techos verdes pueden usar vegetación original de la misma zona de la construcción, lo que no requiere de tratamientos avanzados para su mantención, ya que las plantas responderán al clima al igual que lo hace la naturaleza local. En cambio, si la vegetación es de otro lugar, sí se requieren mayores tratamientos para que las plantas respondan adecuadamente al clima.
OLA VERDE
El uso de techos verdes se ha intensificado en Europa y Estados Unidos, mientras en América Latina todavía hay pocos proyectos. El país más avanzado es México, cuya capital tiene unos 10,000 metros cuadrados de azoteas naturadas, según la Asociación Mexicana para la Naturación de Azoteas (Amena) y algunos desarrollos en Guadalajara y Monterrey.
Dado el valor adicional que les pueden dar a sus construcciones, las empresas inmobiliarias están entre las más interesadas en estos proyectos. “En una ciudad como Ciudad de México, donde es tan difícil tener un patio, es más fácil convertir las azoteas en áreas verdes que pueden ser comunes o privadas”, explica Tanya Muller, presidenta de Amena.
La inmobiliaria Grupo San Carlos, de Guadalajara, acaba de terminar la segunda etapa de la construcción de un complejo de viviendas con techo verde, cuyo desarrollo estuvo a cargo de la mexicana Green Roof Systems, la que gestó también el proyecto de la azotea del banco HSBC. “Es un sistema extensivo de bajo mantenimiento que permite tener plantas vivas todo el año”, explica Raymundo Herrera, director de la empresa. Ya entregaron la segunda etapa del condominio con más de 50 casas y 3,500 metros cuadrados naturados.
Además, Green Roof Systems trabajó en la generación de una azotea naturada en el Museo del Acero, en Monterrey, inaugurado en el Forum de las Culturas, en septiembre pasado. Se cubrieron alrededor de 2,000 metros cuadrados con vegetación a base de riego automatizado sobre la cubierta metálica del museo. Green Roof Systems está trabajando además con un hospital en Ecuador que realizará terrazas verdes para mejorar el entorno de los enfermos. “En Europa se ha comprobado que los ambientes armónicos ayudan a los niños a recuperarse”, agrega Herrera, quien espera alcanzar entre 20,000 y 25,000 metros cuadrados naturados el próximo año.
La naturación de azoteas propone que la naturaleza cumpla su papel regulador en vez de intervenirla. “Los tejados verdes son la metáfora del desarrollo sustentable”, explica João Manuel Feijó, ingeniero agrónomo y uno de los fundadores de Ecotelhado, empresa brasileña dedicada a los tejados ecológicos. Para Feijó, se trata literalmente de dejarse cubrir por la naturaleza y volver adonde vinimos.
En Ecotelhado trabajan con un sistema distinto al utilizado en México, ya que ocupan módulos de vegetación sobre un sustrato rígido que se instalan sobre el techo, que son mucho más livianos. Sin embargo, no se puede caminar sobre ellos porque la vegetación no lo resiste. “El techo dura más porque el calor del sol no corrompe las membranas, la vegetación absorbe la humedad, y genera biodiversidad que contribuye al ambiente”, explica Feijó. Por otro lado, dice que “cuando uno está mirando el verde se siente mucho más gustoso”.
Esto es algo que sabe muy bien el arquitecto chileno Germán del Sol, gestor de las Termas Geométricas, en el sur de Chile, en las que se utilizan azoteas verdes, dentro de un singular desarrollo arquitectónico, que une madera nativa con fuentes de aguas termales. De hecho, las construcciones —baños, vestidores, quinchos de madera— no utilizan clavos ni tornillos para su ensamblaje. “Cuando llegamos a la cubierta de estos lugares me di cuenta de que había que encontrar un sistema efectivo contra el fuego, porque estas construcciones están en zonas aisladas”, explica Del Sol. “Con un techo de tierra, la losa se hace incombustible porque le quita el oxígeno al fuego”, indica.
Además, el pasto resguarda a la membrana asfáltica —que aísla la madera— del hielo y de los rayos UV que la pueden dañar, y atrae a la luz. Así también, Del Sol utilizó azoteas verdes en el Hotel Remota, en la Patagonia chilena, para unificar la arquitectura de la construcción con la vegetación de la pradera en un solo paisaje. Esto además protege a la construcción del exceso de frío, como ocurre también en el caso de las Termas Geométricas.
Estas iniciativas verdes recién están comenzando y se espera que abarquen espacios cada vez más extensos, como podría ocurrir en Buenos Aires, donde el año pasado un grupo de arquitectos se ganó US$ 100,000 por el Premio Holcim 2005 de América Latina a proyectos de desarrollo sustentable. Ellos propusieron cultivar terrazas en la capital argentina a escala urbana de aquí a 15 años para disminuir el calentamiento global y evitar inundaciones. Aunque todavía falta para ver avances concretos del proyecto bonaerense, este debería ser imitado por las otras capitales latinoamericanas.
Tal vez sumando esfuerzos se logre avanzar un poco más en defensa del calentamiento global y darle plusvalía verde a una deteriorada materia gris.