publicidad
Managua
01:20 am
20.01.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Nacionales
Un grupo de mujeres en un campo de concentración nazi. Se estima que 6 millones de judíos murieron durante la II Guerra Mundial. (La Prensa/Agencias)
Memorias del infierno
En 2005, la ONU declaró el 27 de enero como el Día del Holocausto, en memoria de las millones de víctimas asesinadas por el régimen nazi de Adolfo Hitler. La fecha recuerda el día en que las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración de Auschwitz (Polonia), en 1945. En Nicaragua, la comunidad judía celebrará la fecha por primera vez
Carlos Salinas Maldonado
domingo@laprensa.com.ni
publicidad
El diario de Helga Deen

“Es demasiado. Estoy deshecha... Cuando mi felicidad... y mi voluntad perezca desapareceré yo también. Esto es imposible de olvidar”. Estas palabras fueron escritas en 1943 por Helga Deen, una joven judío-holandesa asesinada por los nazis junto a sus padres.

El diario de la joven fue descubierto en un archivo regional de Holanda, y el periódico español El País publicó recientemente extractos de las notas de Deen, escritas en una libreta colegial. Suman apenas 20 páginas, pero son un relato vívido de la desesperación en que vivían los judíos a causa de las atrocidades de los nazis.

“Qué desesperación. Todo es horrible. Las crisis de histeria a mi alrededor, la falta de disciplina... Y el ruido”.

“Todos los días vemos la libertad tras el alambre de espino que nos encierra”, escribió la joven, recluida en el campo de concentración de Vught, en Holanda, y asesinada a los 18 años por los nazis. “Lo que he pasado estos meses es indescriptible y, para el que no haya estado aquí, inimaginable”.

“El trabajo libera”. La frase era una maldición. Forjada en hierro, marcaba una de las entradas de ese infierno llamado Auschwitz-Birkenau, ubicado en Polonia, y daba la bienvenida a aquellos deportados por las fuerzas nazis, condenados a trabajos forzados y a la muerte. Auschwitz-Birkenau fue el mayor centro de exterminio creado por el nazismo. Se estima que en ese campo de concentración murieron 1.3 millones de personas, la gran mayoría judíos.

Auschwitz-Birkenau era un inmenso complejo que formaba parte de la “solución final al problema judío” planteado por el caudillo alemán Adolfo Hitler. El complejo, dividido en tres grandes centros, contaba con barracas donde los deportados vivían miserablemente, campos y fábricas donde realizaban trabajos forzados y pésimas condiciones de higiene y alimentación. Lo más temible del complejo era su cámara de gas y los crematorios, donde los nazis incineraron a miles de sus víctimas.

La foto en blanco y negro y borrosa por el paso del tiempo, muestra a un grupo de mujeres —jóvenes, niñas y ancianas— hacinadas en literas de madera, dentro de una de las barracas de Auschwitz-Birkenau. Se miran agotadas, tan flacas que los huesos parecen salírseles de la piel, pero sonrientes, la vista fija en el joven soldado que las vigila. Es el 27 de enero de 1945, el día en que las tropas soviéticas liberaron Auschwitz.

Sesenta años después, el 1 de noviembre de 2005, los representantes de todas las naciones que conforman la ONU se reunían en la sede de la organización, en Nueva York, para decretar el Día del Holocausto, en memoria de las víctimas del exterminio nazi, que mató a unos 12 millones de personas, entre ellas seis millones de judíos.

La comunidad judía de Nicaragua, compuesta de unos 40 miembros, se prepara para celebrar por primera vez en el país ese acontecimiento. Eduardo Traslateur, presidente de la Congregación Israelita de Nicaragua, explica que la idea de la celebración es recordar la crueldad de los nazis contra los judíos y otros pueblos y grupos —gitanos, homosexuales— que también sufrieron el exterminio nazi.

“En esta fecha se conmemora uno de los mayores genocidios de los últimos siglos. Se trata de prevenir que se repitan sucesos nefastos como ese”, dice Traslateur.

Traslateur es colombiano. Llegó a Nicaragua hace cuatro años para trabajar en un proyecto agrícola en Sébaco. Dice que él es el único de la comunidad judía de Nicaragua que cuenta con familiares que vivieron en carne propia el odio nazi hacia los judíos. Los abuelos de Traslateur estuvieron recluidos en campos de concentración. Era una familia adinerada de Berlín. Tenían un importante negocio y varias propiedades. Vivían con sus dos hijos en una cómoda área residencial de la capital alemana, hasta que los nazis los despojaron de todo, incluso, de su identidad: cuando un judío era enviado a un campo de concentración, los nazis les tatuaban los brazos con números, que era la forma para identificarlos.

Traslateur cuenta que cuando los nazis se llevaron a sus abuelos, una familia de católicos alemanes escondió a los dos niños, de 11 y 3 años. Los abuelos de Traslateur estuvieron en el campo de concentración por más de dos años, hasta que lograron su libertad sobornando al encargado del campo: le ofrecieron traspasarles todas sus propiedades a cambio de un salvoconducto para salir de Alemania. El nazi del campo de concentración aceptó y la pareja salió con la condición de dejar el país en 24 horas.

Buscaron a sus hijos y tomaron un tren hasta Francia. En Francia vivieron medio año, hasta que el Ejército nazi invadió el país. La familia entonces tomó un barco, negociando con el capitán el viaje a cambio de trabajar limpiando y cocinando en la nave. Llegaron a Colombia, donde un judío-alemán les dio ayuda.

“Mi mamá salió de Alemania a los 12 años y hoy en día dice que no regresa por ningún motivo. Aun hoy, a sus 80 años, cuando oye una sirena entra pánico, porque se acuerda del sonido de las sirenas en Berlín, durante los nazis”, dice Traslateur.

La comunidad judía de Nicaragua se queja de la poca información que los jóvenes reciben sobre las atrocidades cometidas por las nazis. Mónica Naar, secretaria de la Congregación Israelita, dice que la comunidad judía del país es muy pequeña y que “a duras penas” están haciendo esfuerzos para educar sobre el tema, en un país donde no se aborda a profundidad en las escuelas el exterminio de personas en los campos de concentración nazis.

Max Najmam es uno de los miembros más viejos de la comunidad israelita del país. Dice que la tradición judía y el recuerdo del sufrimiento de ese pueblo se transmiten de generación a generación entre las familias judías, “para evitar que la historia se repita”.

“Nosotros como judíos sentimos cada muerte como si hubiera sido uno de nuestros familiares. El 27 de enero es para nosotros un día de luto, de recuerdos tristes, de tantas personas asesinadas por la maldición del gobierno nazi de Alemania”, dice Najmam.

El anciano dice que lo ocurrido durante el régimen nazi no va a volver a pasar. “Las cosas han cambiado. Hay organizaciones de derechos humanos que están pendientes que no ocurran esas cosas”, afirma Najmam. “Todos los pueblos del mundo están pendientes de que no ocurra esto en cualquier parte de la tierra”, agrega.

“Lo triste es que el hombre no aprende de su propia historia”, reflexiona por su parte Eduardo Traslateur, quien menciona genocidios recientes como el ocurrido en Darfur, Sudán, donde una guerra sectaria ha causado 2.5 millones de muertos y dos millones de refugiados.

“Todo el mundo se pregunta cómo es capaz el hombre de hacer esas cosas con sus congéneres, cómo es capaz el ser humano de cometer una barbaridad de esas proporciones”, afirma.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda