Con sones de toros, mazurcas y armoniosas voces, el cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, el Coro de Cámara de Nicaragua, Los de Palacagüina y artistas invitados celebraron miércoles y jueves pasado La Misa Campesina en el Teatro Nacional Rubén Darío.
La velada, además de estar cargada de la religiosidad, tradición y originalidad de nuestro pueblo, contó con el toque de picardía característico del artista anfitrión, quien cautivó al público con las pintorescas historias de la creación de La Misa Campesina, con las que los campesinos de Solentiname y el pueblo miskito labraron una a una las letras y melodías que hoy recorren Latinoamérica como legado cultural de nuestra Patria.
A las 7:30 p.m. y con un lleno total de la Sala Mayor del teatro, en ambas presentaciones, el público aguardaba en un ambiente sobrio decorado con iglesias, ciudades y paisajes de fondo. Minutos más tarde el silencio del salón fue roto por el sonido estremecedor de la marimba, los violines y el acordeón, junto a las magistrales voces de los artistas que deleitaron e hicieron aplaudir, corear y hasta a bailar a muchos con las rítmicas melodías del Miskito Iawama, el Canto de los Pájaros o el Ofertorio.
Durante la presentación del miércoles —y para sorpresa de todos—, cuando el concierto estaba a punto de terminar, una jovencita subió al escenario y con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos pidió a Carlos Mejía que repitiera y dedicara a su difunta abuelita el canto de entrada de La Misa. El cantante conmovido, accedió.
Luego de regalar más de diez cantos ceremoniales, el elenco artístico se despidió con un “hasta siempre”, no sin antes regalar temas como Cristo de Palacagüina, Nicaragua, Nicaragüita y La Bala.