En la última visita del fecundo poeta y escritor Ricardo Llopesa a su querida Nicaragua, pues él vive en España, conversó conmigo y con la talentosa promotora de cultura, licenciada María Isabel Tiffer Alduvin, acerca de que nuestra apreciable Masaya tiene referencias muy estimadas y sobresalientes.
Ricardo reconoció con nostalgia intelectual a destacados poetas, escritores e historiadores que han dejado legados admirables de beneficio y orgullo cultural a Masaya. María Isabel secundó mi opinión al recordar a nuestros artistas del pentagrama y a profesionales de indiscutibles méritos, igual que maestros de total entrega a la enseñanza.
Nuestra bibliografía está sumando dos valiosos libros que hacen resaltar con nobleza de sentimientos lo que vale la geografía, la historia, la cultura, como la leyenda que, prima de la historia, Masaya la lleva con mucho cuido y ternura en sus alforjas.
Masaya y sus viejos linderos. Por el norte tenemos El Coyotepe y La Barranca con mucho caudal histórico, de los que así bien dijo mi recordado amigo el poeta Alí Vanegas, que los mencionados cerros “son fértiles tetas de patriotismo”; por el sur, registramos el glorioso y laborioso vecindario de Monimbó; por el este, El Calvario, con dos aspectos muy visibles, el primero, cuando la historia nacional enseña las trincheras de soldados en dicho templo en la guerra de 1912 y el segundo, la estancia en dicho templo del “Mal Ladrón”, devoción de los mafiosos, brujos y patanes; y, por el oeste, San Jerónimo, las Siete Esquinas y la panorámica laguna de Masaya.
Masaya bautizada con justicia “la Capital del Folclor de Nicaragua”, provoca delicadas emociones como viva inspiración para poetas, músicos, paisajistas y escritores. Tengo en mi biblioteca dos monografías de grado universitario dedicadas a Masaya que promueven este artículo:
1. Memorial de Masaya, que lo catalogo como el Libro de Oro dedicado a mi ciudad, editado por el Banco Central de Nicaragua, y la Fundación Andrés Vega Bolaños, bajo la responsabilidad de mi estimable amigo y vecino Jaime Vega Luna. Este libro en sí contiene varios artículos atractivos y subyugantes y así desfilan las crónicas propias de la Masaya indígena y la visión de los cronistas y conquistadores. Un valioso capítulo es el que reviste con mucha dignidad los primeros gritos de independencia, los sucesos de 1912. Asimismo un retrato de cuerpo entero sobre Masaya escrito con el corazón abierto por el maestro Rubén Darío, otro artículo bien escrito sobre el sitio de Masaya en 1912 por el doctor. Ricardo Alduvin Lozano y un estudio detenido de lo que fue “La Tertulia” que fundó el prestigiado historiador y diplomático don Jerónimo Pérez en 1875, estudio que publiqué en LA PRENSA en 1983.
2. Indias, Inditas, Negras y Gitanas. Es una recopilación bien ordenada y de sutiles vivencias de la folclorista doña Irene López, quien le rinde homenaje a nuestro querido Monimbó y a los viejos bailarines que siempre recordamos con afecto y simpatía, que Dios los guarde. Este libro nos permite ir de la mano y la pluma de Irene, conociendo el valor y valer de lo que es lo cierto de nuestras raíces ancestrales, los alegres sones que con maestría interpretan en la marimba los artistas de ejecución de nuestro piano indígena y así pasan otras páginas dedicadas al traje nacional o regional.
Escribo este artículo elaborado con mucho orgullo y deleite por el amor que le tengo a Masaya, confiando que las nuevas generaciones procuren apoyo al mantenimiento y respeto de nuestras tradiciones culturales.