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Dos israelíes corren atemorizados hacia un refugio cuando suena la alarma por un ataque con cohetes, ocurrido hace tres días en Sderot. La población aquí sufre de estrés post-traumático por la constante zozobra. ( LA PRENSA/AP/S. ABAYOV)
La muerte viene del cielo
La ciudad israelí de Sderot es atacada desde hace siete años con los cohetes Kassam que lanzan terroristas palestinos en Gaza. Sus habitantes desesperados reclaman que el Gobierno ponga orden a como dé lugar
Alberto L. Alemán Aguirre
REPORTAJE ESPECIALSDEROT, ISRAEL
info@laprensa.com.ni
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Escalada en desarrollo

Israel y el movimiento islamista Hamas, que controla la Franja de Gaza, están enzarzados en una escalada, de consecuencias imprevisibles, que corre el riesgo de frustrar cualquier negociación de paz entre la Autoridad Palestina y el gobierno israelí, según AFP.

El ejército israelí intensificó desde hace varias semanas los ataques aéreos y las incursiones terrestres en la franja de Gaza, que infligieron importantes bajas a los grupos armados palestinos, pero no lograron poner fin a los disparos de cohetes contra las localidades israelíes.

“Israel persigue un doble objetivo: limitar al máximo los disparos de cohetes y debilitar a Hamas”, consideró el especialista militar Shlomo Brom. “Esto se puede realizar a condición de evitar una escalada incontrolada de la violencia, golpeando con fuerza, lo que por otra parte anularía toda posibilidad de reanudar el proceso de paz”, agrega.

Según este antiguo jefe del departamento de planificación del ejército, la única posibilidad es “un alto el fuego con Hamas”, que Israel podría obtener si sus responsables tuviesen el valor de elegir esta opción estratégica.

Mientras tanto, la escalada continúa. Tras una incursión especialmente sangrienta en la franja de Gaza, que dejó 19 muertos —entre ellos varios civiles— el 15 de enero, una verdadera lluvia de cohetes palestinos cayó en el sur de Israel.

Desde el martes pasado, 33 palestinos murieron como consecuencia de los ataques israelíes, mientras que más de 150 cohetes y obuses de morteros palestinos cayeron en Israel, causando algunos heridos leves.

Por primera vez, estos disparos fueron reivindicados por Hamas, un movimiento islamista.

Por su parte, el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, ordenó en la noche del jueves el cierre de todos los pasos fronterizos entre Israel y la franja de Gaza.

La agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) denunció este viernes que el cierre fronterizo impide el paso de la ayuda humanitaria, lo que empeora la situación de “miseria de 1.5 millones de personas” que viven en Gaza.

Barak dio asimismo la consigna de intensificar los ataques al tiempo que “continúan los preparativos para un ataque a gran escala”. Sin embargo, el Gobierno es muy reticente a lanzar al ejército en una operación de envergadura que, según el estado mayor, se saldaría con importantes pérdidas por parte de Israelí y obligaría al ejército a ocupar durante varios meses zonas enteras de la franja.

Durante una discreta visita el jueves, el primer ministro Ehud Olmert aseguró a los habitantes de las localidades israelíes cercanas a Gaza que el ejército continuaría con los ataques para que cesen los disparos de cohetes.

Por parte palestina, el portavoz de la Presidencia, Nabil Abu Rudeina, afirmó que “los ataques y la escalada militar de Israel están destinados a minar las negociaciones de paz israelo-palestinas”.

Muchos van a trabajar, otros ya lo hacen o toman su desayuno, los niños van a la escuela. Ese momento de la mañana ha sido por siete años la hora preferida de los extremistas palestinos de Gaza para disparar los cohetes Kassam contra la ciudad israelí de Sderot.

Los Kassam son un invento casero de la segunda intifada (insurrección) palestina que estalló en 2000, después del fracaso de las últimas negociaciones de paz israelí-palestinas y de que Ariel Sharon, quien se convirtió a la postre en primer ministro de Israel, visitó el área de la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén.

Sharon, unos de los “halcones” de la derecha tradicional, desató la ira palestina con ese gesto. Para muchos israelíes, no fue “Arik” el culpable, sino que los palestinos sólo buscaban un pretexto para renovar su violencia contra los judíos.

Desde entonces, unos 5 mil artefactos han caído sobre Sderot — situada a un kilómetro de la Franja de Gaza— y sus alrededores. Los cohetes artesanales son de escasa precisión, pero letales. Una decena de personas ha muerto, varias de ellas niños, y muchas más han salido heridas.

Sderot se parece a la mayoría de las ciudades pequeñas de Israel: con grandes edificios de apartamentos, viejos y nuevos; con sectores residenciales nuevos de clase media alta, compuestos por casas unifamiliares en cuyos techos rojos destacan antenas satelitales; calles limpias y asfaltadas; pequeños supermercados; controles y dispositivos de seguridad por todos lados.

Nació en 1951 como un producto de la visión de Ben Gurión, el primer Presidente de Israel y quien proclamó el Estado en 1948: colonizar y poblar el desierto del Néguev.

La población, de unas 22 mil personas, en su mayoría de clase obrera, se ha reducido. Tres mil se fueron el verano pasado. Numerosos son los judíos provenientes de la ex Unión Soviética.

Los habitantes están simplemente desesperados. Exigen una respuesta contundente al acoso incesante de los terroristas palestinos.

El precio no importa para algunos. Aún así sea una invasión militar de gran escala en la Franja de Gaza, territorio palestino que controla el movimiento fundamentalista Hamas desde junio, un dominio arrebatado por las armas a Al Fatah, el movimiento del presidente palestino Mahmud Abbas.

“El Gobierno tiene la obligación de poner orden en Gaza”, clamó el vocero de la Alcaldía de Sderot, Shalom Alevi, ante un grupo de periodistas latinoamericanos que visitamos Sderot en diciembre pasado. Ese mismo día una veintena de cohetes cayó sobre la localidad, uno de ellos durante nuestra estadía.

“¿Qué es lo que espera el Gobierno (del primer ministro Ehud) Olmert?, ¿a que un cohete caiga en medio de una guardería?”, manifestó el airado portavoz.

La autoridades locales demandan que los techos de unas 800 casas y de todas las escuelas sean reforzados con blindaje, pero Jerusalén está renuente, alegando falta de fondos. En Sderot hay 10 escuelas. La mayoría de los disparos desde Gaza ocurren por la mañana, cuando los niños van a clases, aseguró Alevi. El alcalde renunció el 12 de diciembre, en protesta por la actitud del Gobierno.

SUFRIMIENTO PSICOLÓGICO

Un estudio médico citado por el diario The New York Times, que involucró a 500 adultos de Sderot, mostró niveles muy altos de desorden por estrés post-traumático. Este concepto significa “functional impairment”, una incapacidad de hacer las funciones diarias habituales de las personas, y no solamente síntomas como ansiedad, depresión, incapacidad para dormir o concentrarse. El 28.4 por ciento de los adultos estudiados mostraba el desorden y un 50 por ciento presentaba síntomas de estrés post-traumático.

Alevi reclama que el mundo, especialmente los países europeos que proveen dinero y ayuda a la Autoridad Palestina, “deberían pronunciarse más duramente sobre Gaza, decirle a los palestinos que los terroristas hacen daño a su pueblo. Hoy cada hijo de p..., cada grupúsculo en Gaza se organiza para hacer terror y nadie pone orden”.

Los responsables del lanzamiento de Kassam han sido usualmente elementos de Hamas. Más recientemente lo son los de Yihad Islámica, otro grupo extremista, de acuerdo con la prensa israelí. También se conoce de acciones de grupos tribales. En Gaza están asentados poderosos clanes tribales, como el que secuestró el año pasado al periodista de la BBC, Alan Johnston.

Las estructuras tribales son muy importantes entre los palestinos y entre los árabes en general, afirmó el politólogo israelí Meit Litvak. En las sociedades árabes prevalece la lealtad al clan o a la tribu antes que al Estado o a la nación, explica Litvak.

IRRACIONAL CICLO DE VIOLENCIA

El Ejército israelí conduce operaciones regulares limitadas en la ciudad de Gaza para buscar a los hombres que lanzan los cohetes u otros terroristas. Mata a milicianos, pero también mueren civiles y destruye casas y oficinas. La respuesta es siempre más disparos indiscriminados.

Esta irracional dinámica de represalias fue bien descrita por el periodista israelí Fair Lapid en el diario Yediot Aharonot: “El objetivo de la operación en Gaza es prevenir el disparo de los Kassam. Pero la operación en Gaza causa que más Kassam sean disparados. El fuego con Kassam a su vez producirá el siguiente operativo, lo cual llevará a la próxima ronda de cohetes”. Y cada lado acusa al otro de ser el iniciador, sostiene Lapid.

¿Apoya una invasión de Gaza?, preguntamos a Alevi. “Déjennos hacer orden a nosotros (...) Nadie puede decirle nada a Israel si prepara una respuesta”.

“No es agradable despertarse con un despertador como este”, dice sobre los cohetes que caen por la mañana Jaim Shakury, un residente de 48 años y padre de 6 hijos. Su jeep fue impactado por charneles en un ataque el 12 de diciembre.

“O hacemos una paz completa o entramos a poner orden”, agrega, aunque admite, tras pensarla un poco, que una invasión militar “también sería poner en riesgo la vida de nuestros muchachos (los soldados)”.

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