LA HABANA.- Diez años después de la visita de Juan Pablo II a Cuba, la Iglesia católica reconoció que se ha producido una lenta y gradual mejoría en sus relaciones con el régimen comunista cubano, aunque advirtió de que hay todavía importantes asignaturas pendientes.
El secretario general de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), el obispo auxiliar de La Habana, Juan de Dios Hernández Ruiz, admitió en entrevista con Efe que la visita del Papa a la isla permitió a los cubanos tener certeza de que la Iglesia "estaba viva", pero aseguró que aún "hay un gran programa por cumplir".
Desde que Juan Pablo II visitó Cuba, en enero de 1998, las relaciones entre la Iglesia cubana y el Estado revolucionario han vivido "momentos difíciles" pero "se ha ido caminando lentamente con la intención de ambas partes de que mejoren cada vez más", explicó Hernández.
"En este proceso gradual en las relaciones Iglesia-Estado, a pesar de que nuestros interlocutores son personas que no tienen el don de la fe, he visto un esfuerzo de comprender el ser y el hacer de la Iglesia", agregó.
Una década después de la visita del Papa, el secretario general de la Conferencia de Obispos Católicos señaló que las relaciones con el Estado pasan por un "proceso lento, progresivo, gradual tratando de que vayan mejorando" y encaminado a la normalización.
Entre ambas partes, apuntó, "siempre ha existido el diálogo" que en la actualidad "permite expresar nuestros pensamientos, intereses, de una manera franca y sin ambig edades".
No obstante, afirmó que aún queda pendiente el "reto mayor", el de la evangelización, poder realizar con mayor amplitud su misión, "llegar con la propuesta evangélica a las distintas áreas de la sociedad" y tener un mayor espacio en los medios de comunicación nacionales, todos estatales.
"No quiero colocar el momento de esa relación de manera romántica, en un estado ideal, ciertamente sería una falta de honestidad y de sinceridad", señaló monseñor Hernández, que aseguró que la "Iglesia (en Cuba) va encaminada a lograr más espacios para la misión que ella tiene, como en cualquier parte del mundo".
Las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado cubano han atravesado por momentos de enfrentamientos, fracturas y altibajos tras la llegada al poder en 1959 del gobierno revolucionario, que llegó a expulsar a sacerdotes que cumplían misiones en la isla.
Cuba fue un Estado oficialmente "ateo" hasta 1992, cuando esa palabra fue eliminada de la Constitución.
La visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, del 21 al 25 de enero de 1998, preparada durante varios años, supuso una bocanada de aire fresco para los fieles católicos, abrió cauces de diálogo y se convirtió en un factor de consolidación de la espiritualidad religiosa de los cubanos.
Además permitió recuperar tradiciones religiosas, como la celebración oficial de la Navidad y la autorización de las procesiones públicas, que habían permanecido vetadas hasta entonces.
Las palabras de Hernández están en consonancia con las del cardenal y arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, para quien, con la visita de Juan Pablo II, "la Iglesia se dio a conocer a nuestra sociedad, y se dio a conocer al mundo entero: la iglesia Católica estaba ahí, estaba viva, junto a su pueblo".
En un artículo recientemente divulgado en la revista "Espacio Laical", Ortega afirmó que la visita "marcó la vida de la Iglesia en Cuba y nuestra historia como nación".
La Iglesia "tiene una misión que no se limita a los confines de los templos" y "al culto", agregó. "No podemos tener una actitud de espectadores, de meros analistas. Debemos tener una actitud participativa", afirmó.
A su juicio, "el Estado debe comprender esta realidad. Creo que estos son los caminos por los que debemos transitar", señaló el cardenal.