El querido sacerdote Anastasio García Ortigosa (Navarra, España, 1922) fue despedido con lágrimas, flores, recuerdos, misas, homenajes y honores, por autoridades civiles, militares y por todos los sectores de la sociedad jinotegana. Fue enterrado el miércoles después de un oficio religioso.
Las diferentes misas que realizaron los 26 sacerdotes del clero de este departamento, la vela en Catedral San Juan el 15 por la noche, registraron llenos completos.
La Catedral San Juan, de Jinotega, resultó pequeña para albergar al pueblo que llegó a despedir al popular misionero marista, profesor de secundaria y universitario y sacerdote, personaje obligado en la historia jinotegana.
Tuvo por costumbre recorrer las calles y barrios de la Ciudad de Las Brumas, hablar con enfermos, obreros, técnicos, profesionales y un gran roce y acercamiento con la población le valieron su gran popularidad.
Su hermano mayor, hermano marista, Rafael García Ortigosa, agradeció emocionado los honores al destacado pastor. “Estoy sorprendido de tanto apoyo y admiración por él. No sabía que era tan popular y tenía tanta gente. En nombre de él y la familia García Ortigosa os agradezco de todo corazón”, dijo.
El padre Eliar Pineda, vicario de la Diócesis de Jinotega, tras destacar las virtudes de este misionero, que dejó todo en España para venir a compartir con los nicaragüenses logros y dificultades, agradeció al clero todo el cariño expresado.
La misa de cuerpo presente fue concelebrada por el señor Obispo, monseñor Carlos Enrique Herrera y todos los sacerdotes del departamento. Participaron en la eucaristía, además de sus colegas sacerdotes obreros del campo y la ciudad, artesanos, técnicos, médicos, policías, miembros del Ejército, el Alcalde y el Concejo, que declaró tres días de duelo.