Cada año que se conmemora a la máxima expresión de las letras castellanas, en nuestro país se organizan maratones de poesía y presentación de ensayos o libros que constantemente se publican nacional e internacionalmente sobre el panida, pero observamos que muy poco los hombres y mujeres evocan al más destacado periodista que ha tenido no sólo Nicaragua, sino América Latina.
Basta comparar las condiciones de las últimas dos décadas del siglo XIX, y las primeras del siglo XX, cuando ejerce Rubén el periodismo, con el desarrollo tecnológico actual de la comunicación, para convencernos de la grandeza y capacidad que tuvo en el ejercicio de esta profesión.
En los 49 años de su corta existencia Darío publicó 57 libros y folletos, en ediciones y reediciones (más de uno por año) y de los cuales nueve son de crónicas periodísticas, lo que demuestra que el periodismo fue después de la poesía el trabajo principal del bardo. Rubén era periodista por profesión y vocación.
Fue director de periódicos y revistas, redactor, colaborador, comentarista, cronista, autor de reportajes y ensayos, cultivando casi todos los géneros especiales del periodismo. A los doce años publica sus primeros versos y posteriormente artículos, pero desafortunadamente no existen colecciones de los primeros periódicos en los cuales trabajó, por lo que se hace difícil establecer cuándo fueron publicados.
Durante su azarosa y agitada vida periodística, Rubén Darío trabajó, y colaboró en 23 publicaciones en Nicaragua, nueve en El Salvador, doce en Guatemala, ocho en Costa Rica, una en Venezuela, una en Nueva York, seis en Cuba, siete en España, tres en Francia, dos en México, trece en Chile y otras que probablemente irán apareciendo en la medida que se profundice en su vida como periodista.
¿Nos imaginamos a Darío produciendo en esta época de la computadora, el internet y las publicaciones digitales, en lugar de escribir con las heroicas plumas abundantes de tinta, para luego plasmarlas en las tipografías con textos levantados a mano letra por letra, o bien transportándose en aviones supersónicos por los diferentes países del mundo en cuestión de horas, en vez de los aburridos y fastidiosos viajes en buques de vapor?
Pero no sólo impresiona la inmensa vocación de periodista y su profusa y abundante producción, sino la valentía de sus escritos sin temor a los poderosos, los tiranos, los dictadores o los regímenes autoritarios, cuando defendía con vehemencia la libertad de prensa, y de los cuales recogemos sólo para muestra, algunas ideas que continúan vigentes: “La pluma es arma hermosa: el escritor debe de ser brillante soldado del derecho, defensor y paladín de la justicia. Son gloriosas esas grandes luchas de la prensa que dan por resultado el triunfo de una buena causa, la victoria de una alta idea”.
Y sobre el papel de los periódicos dijo: “...Al influjo de su palabra severa, el déspota tiembla, los tronos y los altares vacilan y se bambolean, las coronas ruedan y las repúblicas palpitan y emergen”.
Ojalá que en este nuevo aniversario de Rubén se estudie más a profundidad y se reivindique su papel como periodista y sirva de paradigma para las actuales y futuras generaciones.