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Politiquería y beisbol
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Los partidarios del presidente Daniel Ortega hicieron en el Estadio Nacional de Managua, el martes de esta semana, durante el juego inaugural de la Serie de Beisbol Profesional entre los equipos Bóer y San Fernando, una grotesca manipulación politiquera del deporte. Ciertamente, un espectáculo deportivo que era de y para todos los aficionados al beisbol, particularmente de los simpatizantes de los equipos contendientes, fue convertido en un mitin político de Daniel Ortega en honor de su visitante, el Presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Lamentablemente, la manipulación del deporte en general y del beisbol en particular, es una mala costumbre de la política nicaragüense. El beisbol casi siempre ha sido asociado a la política. “¿Habrá alguna relación entre nuestra política y el beisbol como la que nos señala Junger (Ernst, 1895-1998, filósofo e historiador alemán) en el ajedrez?, se preguntaba el gran poeta e investigador de la cultura y la identidad nicaragüense, Pablo Antonio Cuadra, en uno de sus clásicos artículos publicados en el Diario LA PRENSA. Y se continuaba preguntando: “¿Nosotros rendimos ‘culto a la personalidad’ en el gran batazo o en el gran lanzamiento… o en el robo de bases?”

Este artículo de Pablo Antonio Cuadra fue incluido en la monografía Cultura e Historia del Beisbol en Nicaragua, editada por el historiador Jorge Eduardo Arellano en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, del Banco Central de Nicaragua, correspondiente a abril-junio de 2001. En esa misma obra se incluyó también el prólogo al libro del periodista deportivo Edgard Tijerino Mantilla, El Mundial Nica, escrito por el maestro y poeta Guillermo Rothschuh Tablada, en el cual este asegura que: “El beisbol en Nicaragua es un partido político más y, en momentos históricos, es más potente que los dos partidos tradicionales juntos; porque hay gentes que por ingenuidad o fanatismo juegan en ambos equipos y entonces el que gana es el Gobierno”.

El mismo Tijerino Mantilla, en su libro antes mencionado expresa que: “Siempre se ha dicho que el deporte es apolítico. Sin embargo los hechos han venido a demostrarnos que eso es solamente un razonamiento teórico, muy distanciado de la realidad”. A lo cual, el poeta Rothschuh Tablada anotó: “Tan distanciado, Edgard, que si hay tantas siglas al parecer concordantes: FIBA, Feniba, Coniba, etc., es porque en la lucha de los intereses, jirones de la bandera del deporte son los que han quedado tirados por todas partes. Y la harapienta Nicaragua ya tiene el suyo para su dignidad tapar apenas, si es que no quiere ante el mundo aparecer más desnuda y menos desorganizada”.

De manera que no es un mérito ni puede ser motivo de orgullo, la politización del deporte y del beisbol en particular, que a veces llega a extremos degradantes como fue el espectáculo que montó el gobierno de Daniel Ortega el martes pasado, en el Estadio Nacional de Managua. En realidad, la politización del deporte es una muestra de incultura y atraso material, lo cual explica por qué Nicaragua ocupa uno de los últimos peldaños en la escala de pobreza y subdesarrollo en América Latina.

El deporte es una manifestación de la naturaleza humana en general y por lo tanto es un abuso manipularlo con interés partidista y clasista. “El hombre es un ser que juega”, definió el investigador holandés Johan Huizinga (1872-1945), quien caracterizó el juego deportivo como una “función humana tan esencial como la reflexión” (que define al Homo sapiens) y el trabajo (que determina al Homo faber)”. En consecuencia, la politización del deporte es una agresión contra la naturaleza humana y una violación del derecho de todas las personas a la práctica y el disfrute del deporte, de manera libre e independiente de cualquier clase de condiciones políticas y presiones gubernamentales.

La manipulación política del deporte es una característica de los líderes y regímenes totalitarios, ya sean fascistas o comunistas. En Cuba, por ejemplo, el deporte es un asunto de Estado y para practicar cualquier carrera deportiva se requiere la venia gubernamental; y cuando los atletas cubanos viajan al extranjero para participar en competencias deportivas, son sometidos a una estrecha vigilancia para que no deserten y se queden a vivir en libertad, fuera de su propio país. Hasta esa monstruosa situación conduce la manipulación política del deporte.

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