CHARM EL CHEIJ/ EGIPTO . - El presidente estadounidense, George W. Bush, concluyó este miércoles en Egipto una gira por Oriente Medio con la esperanza de que israelíes y palestinos alcancen un acuerdo de paz y la OPEP aumente su producción petrolera para moderar los precios del oro negro.
Bush regresa a su país con la convicción de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) incrementará su producción de crudo para alivio de la economía estadounidense, sobre la que pesa una fuerte amenaza de recesión.
Deja a sus espaldas mucho escepticismo, e incluso hostilidad, por las políticas aplicadas por Estados Unidos en la región.
En la localidad egipcia de Charm el Cheij, última etapa de su periplo de ocho días, Bush se declaró "optimista" por las posibilidades de concluir un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos antes de que termine su presidencia, en enero de 2009.
Éste era el principal aliciente de su viaje, junto con lo que él denomina la "amenaza" iraní.
Para aquellos que alberguen dudas, "cuando digo que voy a volver y seguir coprometido, es en serio, y cuando digo que podemos llegar a un acuerdo, es en serio", afirmó a los periodistas, flanqueado por el presidente egipcio, Hosni Mubarak.
BUSH VOLVERÁ EN MAYO
Bush ya había adelantado que volvería en mayo.
En cambio, a medida que se acercaba la hora de regresar a casa, las preocupaciones por el estado de la economía estadounidense restaban protagonisno a las cuestiones internacionales.
Bush intervino el martes ante el rey Abdalá de Arabia Saudí para que la OPEP aumente su producción y frene el precio del barril, que batió recientemente un récord histórico, por encima de los 100 dólares.
Parece convencido de que tras esta reunión con el Rey, "hay una esperanza de que la OPEP se vea incitada a autorizar un aumento de la producción", dijo su portavoz, Dana Perino.
Según Bush, "el Rey dice que comprende la situación" y le preocupa el impacto de los precios del petróleo en la economía mundial, añadió. No aclaró, sin embargo, si "la esperanza" del presidente estadounidense se basaba en un compromiso del monarca.
El ministro de Petróleo saudí, Ali Al Nuaimi, no quiso comprometerse y se limitó a decir el martes que su país aumentará la producción si así lo requiere el mercado y la OPEP se pronunciaría una vez analizados "todos los datos disponibles" en su reunión del 1 de febrero.
En declaraciones en Nicosia, el secretario general de la OPEP, Abdalá el Badri, se mostró poco partidario de aumentar la oferta.
"La oferta es suficiente y el aumento de la demanda moderado", dijo el miércoles. "No queremos ver precios altos ni precios bajos. Queremos precios dictados por las bases del mercado" y espero que éstas prevalezcan, añadió.
Bush también abandonó Riad sin haber logrado la adhesión de su aliado a los dos principales propósitos de su visita: implicar a los países árabes en la promoción de un acuerdo israelo-palestino y aislar a Irán.
Y es que, aunque los Estados del Golfo estén inquietos por el aumento de influencia de Irán, les preocupa mucho más el posible estallido de una nueva guerra estadounidense en la región, después de la de Irak.
Arabia Saudí dice que no tiene "nada en contra de Irán" y no puede "tender la mano" a Israel más de lo que ya hizo.
La primera visita de Bush a Israel y a Cisjordania y sus discursos firmes no han disipado dudas sobre la capacidad de resolver 60 años de conflicto en unos meses.
"Dije que era optimista sobre la capacidad de alcanzar un acuerdo" y confío en que la gente de Oriente Medio trabaja duramente por "una sociedad basada en la justicia", insistió tras hablar con Mubarak.
En Irak, que hace un año amenazaba con sumergirse en el caos, "la vida vuelve a la normalidad y la vida política avanza", aseguró.