Intoxicado con anfetaminas y luego de cuatro días sin dormir, Michael Berke llegó en su motocicleta Harley Davidson a las grandes instalaciones de una iglesia que otrora lo había acogido.
Entró a la oficina, vestido con una malla transparente, que llevaba impreso un insulto. En sus manos portaba la foto de una mujer voluptuosa y pelirroja, de labios carnosos y cabello largo.
“Así era yo antes”, dijo. “Y ahora me he convertido en esto”, lamentó, mientras señalaba su pecho plano, su calva y su barba roja de candado.
Berke nació siendo hombre. Luego de varios años de sentirse marginado de la sociedad, se transformó en Michelle, y en agosto pasado volvió a ser Michael, con ayuda financiera y asesoría espiritual de la Capilla del Calvario, ubicada en Fort Lauderdale.
Ahora quiere ser Michelle de nuevo, y culpa a la iglesia por persuadirlo de ser hombre.
LA CONVERSIÓN A MICHELLE
El primer cambio no obedeció a una atracción sexual por los hombres. Soñaba en realizar compras con amigas y en compartir chismes dentro de un baño. “Siempre admiré la forma en que las chicas pueden tomarse de la mano o abrazarse, sin que se considere eso anormal. Eso no es algo sexual”, dice.
A los 19 años, Michael abandonó la casa de sus padres, con quienes tenía muchas fricciones. Vivió en las calles y cambió constantemente de empleo. Bebía y se drogaba.
Nunca se ha sentido cómodo en la compañía de hombres. Le repugna el estereotipo del macho agresivo e inexpresivo. Tampoco se siente atraído hacia ellos, y dice que nunca ha tenido relaciones sexuales con hombres.
En el 2003, a los 39 años, se convirtió en Michelle. Gastó 80,000 dólares, saturando sus tarjetas de crédito, en ropa, implantes de senos, tratamientos hormonales y cirugías de nariz, cejas y mejillas.
Conservó su pene, pues la cirugía era muy costosa y él se seguía identificando como heterosexual (ha tenido relaciones con mujeres).
Al principio, todo marchó bien. Michelle ganó muchos amigos y descubrió su talento en el baile. Michael nunca se hubiera atrevido a entrar a la pista para bailar.
Michelle habló con su madre y con una hermana por primera vez en años. Asistió a sesiones de Drogadictos Anónimos para mujeres.
Pese al cambio, Michelle empezó a recaer en algunos viejos problemas. “Yo era la misma persona por dentro”, dice Michael. Se deprimió, tuvo conductas suicidas y bajó obsesivamente de peso para que le quedaran los pantalones vaqueros de talla 7. Tuvo problemas con las drogas y el alcohol, al igual que Michael.
LA IGLESIA EN ACCIÓN
Para el 2005, Michelle había probado todo, menos la religión. Una amiga la invitó a la iglesia.
En la zona, se sabía que la Capilla del Calvario recibía a gays y transgéneros.
Michelle se sintió bien al escuchar las canciones religiosas y los sermones alentadores. Sus amigos le mostraron vídeos sobre un hombre gay que se transformó en mujer y luego revirtió ese cambio para casarse y tener hijos. “Tú puedes hacer eso también”, le dijeron.
Semanas después, cuando Michelle dijo a los líderes de la iglesia que quería ser hombre otra vez, se le llevó con un cirujano plástico, miembro de la iglesia, quien ofreció retirarle los implantes del pecho gratis.
“Cuándo quiere usted realizarse la cirugía”, preguntó el médico. “Mañana”, bromeó Michelle.
La cirugía se programó a las 10:00 a.m. del día siguiente, y Michelle desapareció.
Michael, de 43 años, dudó luego del contenido de la Biblia, dejó de ir a la iglesia tres meses después y volvió al alcohol, las drogas y los intentos de suicidio.
Un día, volvió en su motocicleta a la iglesia y confrontó a los líderes, acusándolos de manipularlo para volver a ser un hombre.
Bob Coy, pastor de la capilla, niega que la iglesia haya presionado a Michael. “Michael pidió todo aquello con lo que le ayudamos”, señala.
Actualmente, Michael asiste diariamente a un par de sesiones de Drogadictos Anónimos. Recuerda los zapatos y la ropa favorita de Michelle, como si hablara de una vieja amiga, pero considera que no puede volver a ser ella.
“Si lo hago otra vez, la gente pensará que soy todavía más inestable”, opina. “Quizás sólo necesito conocer a la mujer adecuada y tener una relación”, añade. “Realmente no tengo idea de qué quiero ahora”.