Cartas desde el infierno
Uribe reitera: FARC son terroristas

El Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, reiteró ayer en Costa Rica a la comunidad internacional que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) es un grupo terrorista y que, mientras no cese la violencia, la tortura y los secuestros, no debe levantársele esa clasificación.
“Porque (las FARC) tienen el dinero del narcotráfico y eso nos obliga a decir que esa guerrilla es simple y llanamente un grupo terrorista, y que no podemos permitir que a esa guerrilla se le quite la calificación de grupo terrorista”, manifestó Uribe en la inauguración de un parque turístico en la localidad rural de San Mateo. “Para poder tomar agua o para poder acercarse a algún sitio para menesteres de la persona, (los secuestrados) tienen que arrastrarse y arrastrar las cadenas; están (en) condiciones deplorables de salud. Pregunto desde Costa Rica a la comunidad internacional: ¿los que así torturan pueden merecer un trato diferente al rango de terroristas? De ninguna manera”, expresó el gobernante. El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, afirmó que las FARC “no son un grupo terrorista, sino un movimiento armado que tiene un espacio político” en ese país, según un comunicado.

Colombia conoce detalles del inhumano sufrimiento que viven los secuestrados por las FARC a través de cartas a sus familiares

BOGOTÁ/ AGENCIAS

Los colombianos conocieron el martes nuevas pruebas de vida de algunos de los secuestrados por las FARC y también crudos detalles sobre su sufrimiento.

Los familiares de los secuestrados y ellos mismos, a través de las cartas que escribieron y llegaron por vía de la ex congresista Consuelo González, liberada el pasado jueves tras pasar seis años en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fueron ayer el centro de la atención informativa del país.

“No es el dolor físico lo que nos hiere, no son las cadenas que llevamos colgadas a nuestros cuellos lo que nos atormenta, no son las permanentes enfermedades las que nos afligen. Es la agonía mental causada por la irracionalidad de todo esto, es el enojo que nos produce la perversidad del malo y la indiferencia del bueno”, dice una de esas misivas difundidas por Radio Caracol.

La carta, dirigida al director de esa cadena, Darío Arismendi, está firmada por el coronel de la Policía Luis Mendieta, el ex congresista Orlando Beltrán, el ex gobernador Alan Jara, el capitán Enrique Murillo Sánchez, el teniente William Donato y el sargento Arbey Delgado Argote, con el fin de que fuera difundida.

Jenny, hija del coronel Mendieta, secuestrado hace más de nueve años por las FARC, con voz entrecortada leyó algunas de las palabras escritas por su padre en otra carta.

“Por las circunstancias en la selva, ellos (los secuestrados) sufren de diarreas constantes y, como los tienen encadenados en un sitio muy seguro, a mi esposo una vez le tocó hacer sus necesidades en la olla donde comía”, dijo, en radio Caracol, María Teresa Paredes de Mendieta, la esposa.

“EL SUFRIMIENTO NO TIENE LÍMITES”

“Durante estos últimos años, hemos creído alcanzar la cima del sufrimiento, pero después de nueve, ocho y siete años de cautiverio, hemos llegado a la conclusión de que el sufrimiento causado por el secuestro no tiene límites”, relata el coronel Mendieta.

La misiva, con fecha 21 de diciembre pasado, la hizo llegar Mendieta a sus familiares a través de la ex congresista Consuelo González liberada junto a Clara Rojas por las FARC.

Mendieta cuenta en la carta cómo Clara Rojas “tuvo, en condiciones infrahumanas, en la selva su hijo, a quien llamó Emmanuel”, y cómo varios secuestrados le confeccionaron “ropa, zapaticos, algunos jugueticos, morralitos y muchas otras cositas. A medida que crecía lo llevaban para que le tomaran las medidas y pudieran elaborarle la ropa”.

Mendieta relata extensamente sus padecimientos físicos en medio de la selva.

“Lo mío comenzó con dolores en las piernas, huesos y articulaciones por las caminatas. Se me inflamaron los pies. Al inicio de la enfermedad, caminaba con un palo que hacía las veces de bastón”, dice.

SIN PODER CAMINAR

Agrega: “Yo seguía desmejorando y después me tocó caminar con la ayuda de dos horquetas que hacían las veces de muletas. Qué viajes tan penosos, por las dificultades de la selva, la lluvia y los bichos, hasta que una noche llegué a un sitio y al otro día no pude levantarme a caminar”.

El oficial debió ser trasladado, al parecer por guerrilleros, en una hamaca que colgaba de un madero largo.

“Pienso que algunos vasos sanguíneos de las piernas se me afectaron, la sangre se regó por las piernas. Estaba tomando un color oscuro, casi negro. Terminó lo peor, pero a Dios gracias me aplicaron antitetánica”, cuenta.

“Días después me aplicaron diez inyecciones de penicilina de cinco millones de unidades y poco a poco fui iniciando mi recuperación”, señala.

Cuenta en su carta que perdió todos sus elementos de aseo, pero que sus compañeros, a pesar de lo poco que tenían, le regalaron algunas cosas, entre ellas calzoncillos, una toalla, una camiseta y un par de calcetines.

“Alan (Jara, ex Gobernador del Meta) me regaló papel higiénico, (Enrique) Murillo me dio unos días crema dental, pero duré tres semanas después cepillándome los dientes con sólo agua, porque no había crema dental. Los compañeros tenían poca crema y me daba pena pedirles”.

BAJO ASEDIO DE INSECTOS

Calculó que duró como unas cinco semanas sin poder caminar, soportando “los viajes en hamaca, penosos por el cruce de ríos. Los terrenos difíciles, pantanos, etc. En los sitios donde me dejaban, llegaban bichos de diferente clase: moscas, mosquitos, tábanos, zancudos, mostacillas, hormigas de diversos colores y tamaños, arañas, abejas de diferentes tamaños, que espanté y espanté con la mano”.

“Me tocaba arrastrarme para el baño, por el barro para mis necesidades, únicamente con la ayuda de mis brazos, porque no podía levantarme. Cuando se inició el tratamiento, también me hicieron masajes en las piernas con yodora, desodorante en crema y como un niño comencé de nuevo, al principio a tratar de hacer solo, después de unos pasos, con palos, mejor horquetas que parecían muletas, pude ir al baño, al baño personal, después con un palo estilo bastón, después sin este, hasta que pude volver a caminar lentamente”.

“A Dios gracias estábamos cerca a una quebrada, allí pude hacer terapias con el agua, haciendo ejercicio como tratar de patalear cuando se nada, así me fui recuperando poco a poco”, continúa.

“Estando en esta limitación se presentó un incidente de malos entendidos en el grupo y entonces, por gestión de alguien, nos volvieron a colocar cadenas al cuello atado a un palo, cuando hasta ahora empezaba la convalecencia”, añadió.

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