Jaime Morales Carazo, 71 años, parece un abuelo afable en su fresca casa de Carretera Sur donde nos recibe escoltado por el pequeño perro Ari, al que presenta como más fiero de lo que parece. “No creás, es bravo”, dice mientras el perrito olisquea y juega con los zapatos de las visitas.
Morales Carazo también es pequeño. Es una persona agradable que, consciente que tiene un periodista al frente, cuida mucho lo que dice, aunque se esfuerza por propiciar un ambiente de confianza. Es el Vicepresidente de la República desde hace un año cuando llegó al poder junto con Daniel Ortega, gracias a una polémica alianza que estableció con quien hasta hace algunos años era su más visible adversario, y el que aún sigue viviendo en la casa que le confiscaron a los pocos días del triunfo de la revolución sandinista en 1979.
Como Vicepresidente, Morales Carazo ha tenido una función más bien gris. Él justifica su actuación diciendo que los vicepresidentes “somos llantas de repuestos. Incluso creo que no debería existir la figura de la Vicepresidencia si no se le va a dar un rol participativo eficaz y directo como ocurre en otros países que los vicepresidentes ocupan alguna cartera específica”. Sin embargo, también deja entrever con su lenguaje comedido, su insatisfacción por las pocas funciones encomendadas y coge distancia del discurso del presidente Ortega, aunque aclara que se trata de una diferencia con el estilo y no con el fondo. “No estoy de acuerdo con todas las formas que se están haciendo, los métodos. Comparto muchísimo los objetivos: combate a la pobreza, generar empleos, pero tal vez con los métodos pueda haber algunas contradicciones”.
La sangre aún no llega al río, como en el caso del vicepresidente Virgilio Godoy y la presidenta Violeta Barrios, o el caso de José Rizo y Enrique Bolaños, pero, a mi criterio, ahí hay un malestar que se está incubando.
Cuando le propusieron la candidatura a la Vicepresidencia había una sensación de que Jaime Morales Carazo estaba siendo usado por el Frente Sandinista.
En las actividades de la vida uno tiene que ir cambiando, y dejando resabios, dejando prejuicios, y olvidando muchas cosas. Muchos pensaron que era una utilización: una persona moderada, de otro partido, aunque ya no milito en ningún partido...
¿Usted temía estar siendo usado?
No, ninguno. Cada quien se deja usar hasta donde su dignidad lo tolere.
¿Perdió amistades por esa decisión?
No, gané más amistades. El poder es una cosa… como la miel. ¡Increíble! Inicialmente, debo decirte, muy pocas personas, escasísimas personas, me manifestaron expresiones de desagrado o de contrariedad, no muy relevantes para serte franco. Pero sí muy cercanas, algunos familiares se distanciaron un poco. Pero la gran mayoría de personas de relevancia, amistades viejas, fueron objetivas y algunos me llegaron a decir que yo era un seguro para ellos.
También hubo frases muy duras: yo recuerdo una que dijo alguien refiriéndose a su caso: hay personas que le temen más a la muerte política que a la muerte natural.
Yo no le temo a ninguna de las dos muertes. No tengo ninguna pasión por la política, ni mi origen en la vida fue el campo político. Yo fui empresario exitoso, muy diversificado. Y en cuanto a la otra muerte… es lo más natural. Yo he andado tan cerca de ella, tanto por las circunstancias en las que me he visto involucrado como por enfermedades muy graves, secuestros y por los riesgos que uno toma cuando ha estado en situaciones de guerra, que uno va perdiendo el temor a la muerte.
¿Un año después, usted se siente satisfecho del papel que ha jugado en el gobierno?
Pues yo no diría… Nadie está satisfecho con lo que está haciendo porque cree que puede haber contribuido mucho más, tanto porque uno puede dar mayores aportes o porque no se han brindado todas las oportunidades y espacios para poder hacer una contribución más eficaz. Pero yo diría que mis relaciones con el comandante (Daniel) Ortega han sido positivas, muy fluidas, muy francas, extremadamente respetuosas y afectuosas. Las oportunidades que yo tengo de reunirme con él, que son periódicas, un par de veces al mes, a veces más a veces menos, son muy claras sobre tópicos centrales. Yo siempre he estado despojado de todo lo que es la chismografía, no le hago sombra a nadie.
Usted es una persona que se ha movido tras bastidores, asesorando, dando consejos...
Consciente con mi edad y mi tiempo, porque en toda la primera etapa estuve en la primera línea...
¿Cómo encaja Jaime Morales Carazo en este gobierno que a veces tiene un discurso muy agresivo, retórico, ahistórico, buscapleitos? ¿Usted lo ve como algo que está ocurriendo en el televisor o está participando?
Yo no participo en ese tipo de acciones, ni comparto la totalidad de esas manifestaciones. Aunque muchas veces están envueltas de mucha verdad. Si uno analiza con mucha frialdad se da cuenta que hay mucha verdad en lo que dice el comandante Ortega. No es mi estilo. El hecho que eso ocurra no quiere decir que yo lo celebre o lo aplauda. Pero es el estilo.
Es el pleito por gusto, lo que se critica.
Yo creo que nada hay aquí al azar o por gusto. Todo obedece a cierta política. Yo no la conozco porque no estoy en las interioridades partidarias.
Una vez que Daniel Ortega llega al poder se ve la intención de acercarse a sectores que lo habían adversado durante la campaña electoral y parecía ser una señal que establecería un gobierno de consenso. Pero eso sólo duró unos días…
En realidad muchas cosas como los CPC, el Pueblo Presidente, no fueron temas de agenda en la campaña, sin embargo una vez con el poder en la mano entran otras corrientes y se hacen visibles o evidentes otros métodos de llevar a cabo los programas. Pero no hay ninguna duda que el lema tan hermoso de Unidad y Reconciliación… Yo entré por el mensaje de reconciliación pleno…
¿Reconciliación con quién?
La reconciliación comienza con uno mismo. Pero, se crearon más expectativas de que este era un gobierno de unidad y que podía haber participación de elementos de diferentes sectores, partidos, empresa privada. De otros núcleos del mismo sandinismo que tiene sus fracciones. Sin embargo, no se ha dado en este primer año, lo que no quiere decir que queda excluida. Quedan cuatro largos años todavía.
¿Entonces usted cree que este lema de Unidad y Reconciliación no se atendió en el gobierno?
Yo creo que fue sincero en la campaña. Y yo entré bajo ese objetivo aglutinante. Pero el primer año, por lo que observo, por lo que uno escucha no se ha dado a plenitud o como esperaban muchos. Más participación de diferentes sectores, menos confrontación.
¿No tiene que ver esto con una cultura de gobierno? A veces queda la impresión de que Daniel Ortega gobierna como si recién acaba de triunfar la revolución, como si fuese un gobierno de mayoría.
En realidad él gana limpiamente. Ganó con el 38 por ciento pero dejó 10 puntos atrás al que seguía.
¿Don Jaime Morales Carazo sabe hacia dónde va este gobierno?
Podemos predecir a dónde no puede ir. Podemos apostar a que la intención es tener un desarrollo económico equilibrado que permita un mejoramiento de los niveles de vida del pueblo nicaragüense con un objetivo central que es abatir la pobreza. En mi opinión, para lograr eso, se requiere inversión privada, nacional y extranjera. Para lograr eso tenés que tener un clima adecuado: tranquilidad, estabilidad, sistema de derecho, justicia y una serie de otros factores que alientan ese tipo de actividades fundamentales.
¿Qué tendría que pasar para que don Jaime Morales se sintiera fuera de lugar en este gobierno?
Hasta ahora mis relaciones han sido armoniosas y respetuosas. He sido tomado en cuenta en lo que debo ser tomado en cuenta. No ando en busca de protagonismo ni figuraciones. El Presidente me consulta y pide mi opinión en cosas que cree que debo darlas.
Quiero preguntarle sobre algunos temas, sobre los que quisiera me diera su opinión en pocas palabras. ¿El parlamentarismo que ha querido impulsar Daniel Ortega?
Lo he dicho públicamente, se lo he comentado al Presidente, y no tengo razones por qué no decirlo con toda amplitud: si ni siquiera hemos llegado a perfeccionar el presidencialismo, ya queremos dar un salto de garrocha gigantesco pasando al parlamentarismo con todos los agravantes que tiene nuestra cultura de guerra verbalista, confrontaciones permanentes... En el futuro es posible que sea lo más conveniente. No lo descarto.
¿La reelección?
En principio creo que la reelección no es saludable ni conveniente. Pero he observado que en países como Costa Rica, como Colombia que tenían prohibida la reelección, levantaron esas limitaciones y tienen gobiernos democráticos en proceso. En Nicaragua tenemos la historia que las reelecciones fueron nefastas para el país, sin embargo estamos viendo en el entorno internacional que ya no se ve la reelección como una cosa fatídica o satanizada. Si fue buen gobernante, que tenga el chance de tener una oportunidad y si fue mal gobernante el pueblo lo sancionará y le negará su voto. No tengo una posición definitiva en eso, sin embargo por principio yo no soy amigo de la reelección.
¿Qué piensa del sistema judicial?
Es para mí el tema más sensible y el más delicado. Si nosotros llegamos a resolver y mejorar, de una forma verdaderamente significativa, con una implementación de una carrera judicial clara, con una elección lo más tendiente a escoger los mejores magistrados, pudiéramos tener mucho más base en el clima de seguridad y tranquilidad (que necesitan) múltiples actividades que se pudieran desarrollar. Cuando uno escucha al presidente de la Corte Suprema de Justicia, al amigo Manuel Martínez, decir lo que dijo, es preocupante. Cuando vemos lo que ha ocurrido en muchos otros casos, el más reciente este de (el norteamericano Eric) Volz, son cosas lamentables. ¿Cómo se logra el cambio? Tiene que haber una vocación, una inspiración casi...
Y una decisión de quienes tienen el poder de renunciar a esa arma que tienen en sus manos…
Difícilmente en política alguien renuncia al arma que tiene. Si le costó carrera o años tener el arma, ahora que la tenés… ¿Rechazarla? Es difícil si hablamos con los pies en el suelo… este es uno de los problemas más difíciles de resolver.
La otra situación es la tormentosa relación que ha habido con los medios de comunicación.
Es infortunada, es lamentable, no es lo más deseable para el país. Yo creo que se deben hacer esfuerzos de ambos lados para mejorarla. Yo no sólo culpo al Gobierno ni muchísimo menos... A veces hay actitudes políticas, personales o de diversa naturaleza que no abonan a encontrar un clima de buen entendimiento y buena relación.
Estamos ante un Gobierno que es muy sensible a la crítica…
Todos los gobiernos en general tienden a buscar cierta docilidad en la prensa, o cierto comportamiento con la prensa con lo cual yo no estoy totalmente de acuerdo ni mucho menos. Yo creo que la libertad de prensa es esencial para tener un buen gobierno y para tener garantía y seguridad de todos los ciudadanos. Porque además de ser faros que orientan son los supercontralores de todo lo que está pasando en el país. Ya se ha dicho que ahora no prevalecen en los poderes políticos los militares y los políticos ni el capital, prevalecen los jueces y los periodistas. Le llaman la dictadura de la judicatura y de los medios.
¿Y usted cómo recibe la crítica? ¿Cómo la toma cuando le cae a don Jaime Morales Carazo?
A veces uno la recibe y dice, tal vez tiene razón y trata de mejorar. A veces dice es injusta. Tal vez faltó información adecuada.
¿Bota la gorra?
Pocas veces la he botado.
Por ejemplo las caricaturas de Guillén que le llama Jaime Morales...
…Bagazo, dice. Yo respeto lo que dice Guillén. No acepto agravios que hace a otras personas. Que lo haga a mí no me importa porque es una insignificancia. Menos a damas. A veces se personaliza, no digo (sólo) Guillén. El arte de la caricatura es hacer reír con el humor no con la ofensa.
¿Qué pasará si este gobierno, contrario a lo que usted espera, porque me decía que se metió a este cargo esperanzado en que haya más inversión, que se mejoren los indicadores económicos...?
Y no son malos. Son buenos. No lo deseable, no lo óptimo, nunca podés estar satisfecho.
Mi pregunta es, después de este primer año: ¿usted está convencido que al final de los cinco años van a dejar a una Nicaragua mejor que la que encontraron?
Bueno, yo no sé si estaré vivo de aquí a los cinco años. Pero espero que así sea, porque sino sería una frustración haber entrado a participar en un gobierno que, aunque no tenga yo una actividad ejecutiva de significancia, dejar las cosas como están o dejarlas peor sería algo terrible.
¿Al suscribir su alianza con el Frente Sandinista, usted asume la responsabilidad de todos los errores que se puedan cometer en este ejercicio de gobierno?
Uno asume las responsabilidades cuando tiene las facultades para tomar decisiones y funciones. En otras son compartidas relativamente. Yo no asumo responsabilidades si no tengo funciones.
Es cierto que la Constitución le otorga funciones mínimas al Vicepresidente, pero el Presidente puede delegarle otras más. ¿Es un asunto de confianza?
Es discrecional, naturalmente. Él a mí me ha asignado dos o tres líneas.
En esas reuniones periódicas que tiene con Ortega ¿cuál es el consejo más insistente que le ha dado que no le haya hecho caso?
Primero, yo no doy consejos cuando no me los piden, que es el primer consejo que le doy yo a los consejeros. Segundo, yo doy mis opiniones honestas no sólo cuando me las piden sino cuando creo que es oportuno. Pues, sugerir tal cosa pudiera ser en esta forma, pudiera tener estos efectos... Y he encontrado una enorme capacidad de escuchar. Para mí (Ortega) es una persona que yo he admirado mucho por su capacidad y paciencia de escuchar. Los que no lo conocen no saben que el presidente Ortega oye a todo el mundo. Y lo oye como si (el hablante) fuera el emperador de Roma. El nicaragüense, recuerde, no dialoga, monologa. Una cosa es la imagen del Presidente en la tribuna, en los micrófonos, en el sector popular, y otra cosa en sesiones de trabajo.
¿Hay dos Danieles Ortega?
Como todos. En una fiesta hay tiempo para reír, para llorar, para comer, para caminar…
¿Y con doña Rosario Murillo cómo se lleva?
Es una relación muy cordial. Tengo poca comunicación con ella porque no estamos en la misma...
Pero ella tiene un protagonismo evidente.
Creo que es excepcional. Eso puede crearles malestares a algunos pero es una mujer muy inteligente, de gran capacidad, centralizadora, perfeccionista. El problema de ella es que quiere hacer todo personalmente y a veces yo digo, tiene razón porque delega y la cosa sale mal.