Refiriéndose a la crisis institucional, monseñor Leopoldo Brenes indicó que se debe usar el diálogo sincero para lograr la paz y la armonía entre los nicaragüenses. Coincidiendo con el Arzobispo, el Cosep y Amchan han hecho llamados al diálogo entre el Gobierno y la oposición. En el mensaje de la Conferencia Episcopal los obispos hablaron fuerte y claro sobre la crisis institucional que afecta a un país agobiado por el hambre, el desempleo y la inestabilidad. Nicaragua no puede continuar en crisis porque la confrontación lleva al país al caos. Solamente el diálogo donde unos y otros cedan conduciría a una solución.
La actitud loable del Gobierno al establecer buenas relaciones con la empresa privada, creando un ambiente de confianza que favorecería la inversión de capital nacional y extranjero, y por consiguiente la generación de empleos, se vio empañada por el lenguaje confrontativo utilizado en sus discursos por el presidente Daniel Ortega, que atemoriza y ahuyenta la inversión que combatiría la pobreza.
Los Consejos del Poder Ciudadano pudieron ser creados en el marco de la unidad nacional, sin poner al frente de los mismos a los secretarios políticos del Frente Sandinista. Estos Consejos desde el principio tenían cabida y ubicación legal dentro del Consejo Nacional de Planificación Económica Social (Conpes), como instancias de apoyo al Gobierno y de legítima organización de los ciudadanos; pero darles la connotación de “gobierno paralelo” condujo a la crisis institucional.
El mensaje de reconciliación se contradice con los discursos cargados de descalificaciones y amenazas. La promesa de respeto a las libertades públicas se contradice con la política agresiva contra algunos medios de comunicación y con una política de comunicación fragmentada y selectiva.
El Gobierno, que tiene todo a su favor para conducir al país por el camino del éxito económico y social, con el apoyo de la comunidad internacional (incluyendo a Venezuela e Irán, por un lado, o a Estados Unidos por el otro), está desaprovechando esa oportunidad por hacer las cosas confrontativamente, pudiendo hacerlo con el apoyo de todos, tanto a lo interno como en lo externo.
La oposición, por su parte, ha puesto en entredicho los planes del gobierno indiscriminadamente, asumiendo a veces posiciones extremas. El Gobierno necesita gobernar en paz y con estabilidad, y la oposición debe procurar que tenga éxito, pues sería el éxito del país, actuando en forma constructiva sin poner obstáculos por razones que no sean de fondo y justificadas.
Pero la oposición debe estar libre de amenazas y presiones como la instrumentalización de la justicia con fines políticos. Los casos de Arnoldo Alemán y Eduardo Montealegre, entre otros, independientemente de sus diferencias y de la culpabilidad o inocencia que pudieran o no tener cada cual, han trascendido la esfera judicial y son casos políticos. Por el interés supremo de la nación debe cesar esa situación.
Hay que superar la crisis con un diálogo que lleve a reconocer el derecho del Gobierno de crear consejos dentro de un marco de legalidad y el derecho de los diputados a legislar sin injerencias ni obstáculos de otros poderes. Un diálogo que evite convertir a la Corte Suprema de Justicia y a la Asamblea Nacional en circos romanos donde gladiadores con espada en mano busquen cómo cortarle la cabeza al adversario.