Milagrosamente no explotaron
Los menores Humberto Pérez Díaz, de 15 años, y Rodolfo Antonio Calero Pavón, de 12, cargaron en sus manos por un largo trayecto dos granadas RDG-5 (ofensivas) y por un milagro se salvaron porque, aunque iban jugando con los artefactos, estos no explotaron.
El teniente Carlos Daniel López, del Ejército de Nicaragua, examinó los explosivos después que los menores de edad se los entregaron y explicó que las granadas no explotaron porque las espoletas se encontraban separadas de los artefactos.
Asimismo indicó que si los chavalos hubiesen enroscado las espoletas a las granadas y después le quitaban el seguro, habría ocurrido una tragedia dejando como resultado dos muertes.
Humberto Pérez Díaz y Rodolfo Antonio Calero Pavón, quienes habitan de la terminal de la ruta 112, tres andenes al sur, en el barrio Sol de Libertad, en Managua, dijeron que ayer por la mañana habían acudido al sector de Sabana Grande en busca de chatarra.
Señalaron que un hombre les vendió las granadas, pero ellos desconocían el peligro que estas representaban.
Los artefactos fueron inspeccionados la tarde de ayer por agentes de la Dirección de Operaciones Especiales (DOE).
Agentes policiales del Distrito Seis dijeron que buscarán al irresponsable que vendió estos peligrosos artefactos explosivos, como chatarra, a los menores de edad.
Según la Policía, el hombre le vendió las granadas a los menores a cinco córdobas cada una y les dijo que no representaban ningún peligro.