Batear sobre 300 puntos, atrapar lo que se mueve con la manopla y empujar carreras en el momento cumbre del juego, además de conservar la humildad, serían demasiadas tareas juntas para cualquier pelotero.
Pero para Jorge Luis Avellán, infielder del Bóer, todo eso podría ser lo más cómodo de realizar, si tomamos en cuenta que su batalla más grande la ha tenido que librar fuera de los estadios.
Avellán comenzó a jugar en el beisbol de Primera División con los Búfalos en la temporada 1991-92, y después de 17 campañas, acumula promedio de .317, con el que se sitúa entre los mejores artilleros.
Desde 1994 integra la Selección Nacional, ha conectado más de 1,000 hits en el beisbol superior y se ha mantenido como el tercer bate de los Indios en la Liga Profesional. Es un jugador realizado.
Cuando a Omar Cisneros se le pidió mencionara al pelotero más disciplinado que ha dirigido, no vaciló en señalar a Jorge Luis, mientras los periodistas lo consideran un caballero en toda la extensión del término.
Entonces, ¿qué le falta a este jugador? — “Ver caminar a mi hijo. Podría dar todo lo que he conseguido a cambio de eso”, afirma Avellán, mientras sus ojos se iluminan por ese deseo surgido desde lo más profundo.
NEGLIGENCIA MÉDICA
Samuel es el hijo de Jorge y de Nidia Urtecho, llamado así precisamente porque fue pedido al Señor luego de que dos embarazos terminaran convertidos en abortos espontáneos. Su nacimiento, hace cuatro años, fue recibido como una bendición.
“Perder los dos primeros embarazos fue algo doloroso, deprimente, pero la llegada de Samuel nos provocó una alegría increíble a pesar de que pasé los nueve meses en cama. La dificultad se presentó diez días después de nacido”, describe la esposa de Avellán.
El color de la piel del niño presentaba problemas y la bilirrubina se elevó, pero los médicos que lo atendieron indicaron que todo era normal, aunque a través de los días y meses posteriores, se hizo notorio un retraso en su desarrollo sicomotor.
“Después de dos años y medio, ese era el diagnóstico: un retraso en su desarrollo sicomotor, pero lo más duro fue cuando nos fuimos a Cuba mediante una gestión personal y allá nos dicen que lo que el niño tiene es parálisis cerebral. Eso fue un impacto para nosotros”, dice Jorge.
De acuerdo a lo que se les ha informado en Cuba, no existían conflictos sanguíneos entre Avellán y Nidia, pero el niño sí podía sufrir dificultades si tenía un determinado tipo de sangre, y eso no fue previsto por los médicos que lo atendieron aquí.
“Nos hicieron exámenes que se llevaron a Costa Rica y ellos indicaban que se tenía que realizar una transfusión de sangre al nacer, pero el neonatólogo que nos vio, ni siquiera hizo un análisis de la sangre, así que fue una negligencia médica”, dice Nidia.
COMPARTEN TRABAJO
Desde entonces, Samuel es el centro de la atención del matrimonio Avellán-Urtecho. Necesita un cuido especial, mucha terapia y sobre todo mucha fortaleza de sus padres para seguir adelante, aún cuando los progresos no se vean tan rápido.
“Samuel es lo mejor que me ha pasado, es mi motivación”, dice Jorge. “Es probable que sin él, mi carrera ya habría terminado. Ahora mismo yo tengo partidos los meniscos en una de mis rodillas, pero cuando lo veo sonreír, ni me acuerdo del dolor”.
Parte de la terapia que hay que hacerle a Samuel, es guiarlo de los brazos para que dé sus pasitos. A Jorge le toca hacer eso y debe hacerlo de rodillas. Eso no es fácil cuando los meniscos están cortados, pero el amor hacia su hijo hace que el dolor pase inadvertido.
“Hay ocasiones en los que los lanzadores me golpean y llego a la casa con el dolor. Y le digo a mi hijo, me duele aquí. Me da un beso y se me quita, es algo mágico. Cuando veo sus avances, el dolor se vuelve insignificante para mí”, indica Jorge.
Nidia afirma que está orgullosa del jugador que ha llegado a ser Avellán pero sobre todo admira al esposo y padre, que comparte las responsabilidades con ella, y ambos coinciden en que todo el amor que le dan a Samuel, él se los devuelve en sonrisas.
“Yo juego por mi hijo”, señaló el camarero del Bóer.