¡Seré tuya toda la vida! Esta breve introducción —algo cursi, por cierto— suele ser común dentro de la gente joven y no tan joven (cuando se reavivan los sentimientos ante una nueva pareja al pasar de los años, sobre todo para aquellas y aquellos con algunos “almanaques arriba”).
Suele manifestarse a su pareja, como señal de afecto, pasión, cariño, amor. La problemática es cuando el enamoramiento caduca, culmina o llega a su fin.
Se ha comprobado científicamente que el enamoramiento en la pareja, suele concluir al cabo de los cuatro años aproximadamente, el cual coincide con el punto máximo de divorcios, también de cuatro años, lo que denota una relación directa: ausencia de enamoramiento igual divorcio.
¿Lo antes expuesto implica que no hay marcha atrás? En la medida que somos mayores (más edad) aprendemos que el “amor a primera vista” si bien es válido, justamente por ser “a primera”, posiblemente ella o él, que nos entra por los ojos, estará centrado fundamentalmente en el elemento físico y con menos énfasis en conocer un poco más, como es por “dentro”, entiéndase seriedad, responsabilidad, gustos, costumbres, hábitos, conducta moral, que no choca para nada, con un comportamiento juvenil, jovial, divertido.
Estos “cabos sueltos” por supuesto serán hilvanados por el camino propio de la relación, que de alguna manera u otra se perfeccionan unos u otros, producto de la búsqueda del equilibrio de la pareja, donde ambos deberán ceder.
Así transcurre la vida y tras cuatro años o más, la relación de la pareja, puede que empiece a palidecer, (obviamente no estarán de acuerdo conmigo aquellos matrimonios que han pasado décadas y mantienen ese idilio, si así fuese)
¿Motivos? Muchos: el factor hijo, se vuelve una realidad, constituyendo un elemento disociador de la propia pareja, sobre todo por el nivel de atención que merecen y que en la medida que crecen, que pareciera ser que podríamos independizarnos de ellos y ellas, no resulta tan sencillo, y para muestra un botón: No hace mucho me llamó una mamá solicitando que por qué su hijo, no estaba más tiempo en la universidad, en función de sus estudios, que les exigiéramos más, de modo tal que eso le ayudara a controlarlo, porque ella ya no podía.
Otro elemento que nos puede hacer “olvidar a nuestra pareja”, y por ende que debilite la relación o la “química” entre ambos, lo constituye el factor trabajo.
Cuántas veces nos quedamos en la oficina, en la empresa, laborando y cuando nos damos cuenta, han pasado más de dos horas, en la elaboración de un documento o informe , que nos han pedido las autoridades y que “!de mañana no puede pasar!”.
Posteriormente tomar un taxi — con el riesgo que ello implica— o un bus (peor) y llegar a casa con las completas, para calentar la cena y ya extenuado, no escuchar las tareas y compromisos domésticos pendientes, los problemas de los hijos en la escuela, universidad, etc.
Todo lo anterior puede llevar a una rutina, que conduzca finalmente a que el amor “se apague” . Si por casualidad usted o su pareja, se ve retratado aquí, piénselo. Está a tiempo, esta noche, aunque ya no nos quede plata y estemos “palmados” tras los gastos de fin de año, acueste a los niños temprano, el informe de mañana lo entrega en la tarde y recuerde los tiempos mozos.