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Agresiones a la libertad de prensa
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La organización internacional de periodistas Reporteros sin Fronteras (RsF) informó esta semana en París, Francia, que 86 periodistas perdieron la vida durante el año recién pasado en el cumplimiento de su deber profesional, en distintos países del mundo; cifra mortal que subió a 170, contando a otros colaboradores de los medios de comunicación. RsF igualmente informó que 528 medios informativos sufrieron censura durante el año 2007, 887 periodistas fueron encarcelados y 67 secuestrados, de los cuales 14 todavía no han sido liberados. Reporteros sin Fronteras también dio a conocer que los tres países donde hay más periodistas encarcelados son Pakistán, con 195; Cuba, con 55; e Irán con 54, o sea que precisamente los regímenes que son modelo para Daniel Ortega, son los más represivos del mundo contra la libertad de prensa.

En Nicaragua no se ha llegado todavía a tales extremos, pero es evidente que se avanza en esa dirección, considerando los frecuentes y obsesivos ataques de Daniel Ortega contra los medios de comunicación independientes, las amenazas que han recibido el comentarista de televisión y radio Jaime Arellano y el caricaturista de LA PRENSA, Manuel Guillén, así como la agresión que sufrió el reportero de este Diario, Jorge Loáisiga, por parte de guardias personales del Presidente, apoyados por efectivos de la Policía Nacional.

Las amenazas del presidente Ortega son tan seguidas y peligrosas, que líderes de distintas iglesias llamaron recientemente al mandatario a cesar sus discursos virulentos y respetar la libertad de expresión. Y es comprensible que preocupe esta actitud del Presidente, porque demuestra su vocación dictatorial y su incapacidad de soportar críticas y cuestionamientos a sus decisiones, por lo que enfila sus cañones contra los medios de comunicación, a los cuales considera sus enemigos naturales.

Pero no por miedo vamos a callar ante la violación de las leyes, el autoritarismo, la corrupción y el clientelismo que este gobierno promueve. Eso sería violar nuestras conciencias, traicionar la causa por la que murieron más de 50 mil nicaragüenses, incluyendo a nuestro Director Mártir, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Además, si los medios de comunicación independientes nos alineáramos al Gobierno, como Ortega quisiera, el pueblo democrático se quedaría sin voz y sin la capacidad de denunciar los abusos gubernamentales, sin la oportunidad de expresarse sin censura y a merced de un gobernante autócrata que impondría su voluntad sin limitaciones ni controles.

Los gobiernos democráticos respetan la función reguladora y fiscalizadora de los medios independientes e incluso aprovechan la crítica para rectificar sus errores. Pero los gobernantes dictatoriales según ellos no cometen errores, y por lo tanto tratan de callar la crítica mediante presiones de varios tipos, incluyendo la económica y la represión física. Los dictadores sienten que los medios de comunicación son como una espina que llevan clavada en su ego y que hay que arrancar a cualquier costo. En realidad, la furibunda reacción de Daniel Ortega contra los medios de comunicación y la libertad de expresión está en perfecta armonía con la naturaleza dictatorial de su gobierno.

Pero atacándonos como lo hace Ortega se pone en evidencia ante la ciudadanía y la comunidad internacional. Es una verdad incuestionable que las dictaduras siempre verán a la prensa libre como a un enemigo. Esto se puede comprobar observando la actitud de gobernantes como Fidel Castro en Cuba y Hugo Chávez en Venezuela. El día que estos señores, lo mismo que Daniel Ortega, hablen bien de la prensa independiente, será porque algo grave ocurre. Como sea, la virulenta campaña de Ortega contra los medios de comunicación no podrá detener nuestro trabajo informativo y crítico. Tendrían que cerrarnos, bombardearnos o asesinarnos como lo hicieron la dictadura somocista y la sandinista de los años ochenta. Y aun así nos levantaríamos de las cenizas para seguir informando, opinando, criticando y denunciando las injusticias por todos los medios que sean posibles.

Las dictaduras exigen obediencia ciega y a los que obedecen servilmente les llaman “el pueblo”, pero en realidad representan una minoría domesticada que vive de las prebendas que los amos y señores dejan caer desde las alturas. Los medios de comunicación independientes no somos prebendarios. Como dice nuestro lema, LA PRENSA está “al servicio de la verdad y la justicia”, no del gobierno de turno. Y nada podrá callarnos.

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