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La defensa de la familia
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En la homilía que pronunció en la misa con la que concluyó la tradicional procesión católica del primero de enero, el Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes Solórzano, exaltó a la familia y exhortó a protegerla, defenderla y fortalecerla. En realidad, en todo el mundo católico la jornada de este primero de enero se celebró bajo el lema proclamado por el Papa Benedicto XVI: “Familia humana, comunidad de paz”.

“La familia es el núcleo fundamental de la sociedad”, resaltó el prestigioso líder de la Iglesia católica de Nicaragua, monseñor Brenes Solórzano. “Quien obstaculiza la institución familiar aunque sea inconscientemente hace que la paz de toda la comunidad nacional e internacional sea frágil”, agregó el arzobispo de Managua, quien también llamó a los medios de comunicación social “a promover el respeto por la familia”.

En eso estamos. Sabemos muy bien que prácticamente desde siempre, la familia ha estado bajo el ataque sistemático de quienes la consideran un obstáculo para sus planes de dominación totalitaria. Otros la repudian por relativismo moral o porque sustentan un concepto utópico de libertad individual absoluta y absolutista. Pero el comunismo y sus ideologías afines han sido y siguen siendo los mayores enemigos de la institución familiar. Ya en 1848, en El Manifiesto Comunista Carlos Marx y Federico Engels llamaron a abolir la familia, porque según ellos se funda en el capital y en el lucro privado. Y en su folleto Principios de Comunismo, Engels advirtió que en el comunismo se establecería la “educación de todos los niños del país, a partir del instante en que puedan prescindir de los cuidados paternos, en establecimientos nacionales y a cargo de la nación”.

La abolición de la familia se intentó en todos los países que cayeron bajo la dominación comunista. Quienes leyeron la obra literaria Doctor Zhivago, del escritor ruso laureado con el Premio Nobel de Literatura 1958, Boris Pasternak, o vieron la versión cinematográfica, pudieron apreciar cómo el régimen comunista quiso eliminar a la familia mezclando a los trabajadores urbanos en edificios comunales y dispersando a los campesinos en granjas colectivizadas. Como ha dicho un historiador británico, “las familias eran consideradas como accidentes biológicos y los padres podían ser ideológicamente peligrosos”, mientras que “el Estado era el que más amaba a los niños y estos debían, por lo tanto, responder con reciprocidad”.

Sin embargo, no sólo los comunistas han sido enemigos jurados de la familia. También políticos e intelectuales ultraliberales ven a la familia tradicional como un mal social que es necesario liquidar. Por ejemplo, el escritor cubano exiliado Soren Triff escribió en El Nuevo Herald de Miami, el 13 de julio del 2006, que “la familia tradicional está rodeada de mitos. La autocracia y el autoritarismo comienzan en la familia y las iglesias contribuyen a institucionalizar el maltrato en muchas ocasiones. El invento del divorcio, los anticonceptivos, el aborto y la fertilización artificial son precisamente inventos humanos para salvar a la humanidad de la infelicidad, el terror, la servidumbre y la muerte que proporciona la familia tradicional contra sus miembros cuando el padre no se comporta como debe”.

Pero es al contrario. La familia siempre ha sido y sigue siendo el fundamento indispensable de la sociedad humana. La familia es un foco permanente de sentimientos de amor, afecto, abnegación, respeto y gratitud humana. Por lo tanto es un baluarte contra los ataques de quienes pretenden imponer utopías totalitarias y arrasar con las instituciones y las costumbres democráticas.

En Nicaragua, la defensa de la familia “tradicional” tiene ahora una renovada importancia ante el regreso de Daniel Ortega al ejercicio del poder presidencial. Este, por conveniencia táctica simula haber abrazado el cristianismo, pero no oculta su intención de imponer un régimen comunista, como el de su “maestro” Fidel Castro en Cuba. De allí la gran importancia del llamado que ha hecho monseñor Leopoldo Brenes a fortalecer la defensa de la familia nicaragüense.

La familia, en Nicaragua como en cualquier otra parte del mundo, ha sido, es y será siempre el núcleo social primario, el espacio generador de afectos, solidaridad y responsabilidades compartidas que ocupa un lugar fundamental en la vida humana. Por eso hay que fortalecerla y defenderla de todos los ataques y acechanzas que se ciernen contra ella.

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