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Amnistía cero
Mercedes Gordillo
La autora es escritora nicaragüense.
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Para hablar de amnistía en Nicaragua, primero debemos de estar clarísimos sobre el verdadero significado de esa importante palabra que viene del griego: amnestia, que quiere decir olvido. En este caso particular y en las circunstancias actuales esto es olvidarse del delito o delitos comprobados de malhechores. Un perdón, borrón y cuenta nueva, en un acto jurídico legalizado para que tenga apariencia justa, noble y piadosa, sobre todo apolítica. Creo que a estas alturas de la flaca memoria nicaragüense, ese concepto no lo cree nadie, ni en Managua, León, Carazo, Granada o aún tierra adentro de nuestro país, ni siquiera Yeyo que deambula por las calles.

Los encargados de establecer legalidad y brindar protección a los nicaragüenses, aparentemente desean que desaparezca nuestra historia e identidad, que olvidemos las fechorías de William Walker, por ejemplo, a generaciones tras generaciones de vándalos que han destruido material y moralmente a Nicaragua, y han llevado a muchos al abismo del pensamiento desviado: “el que roba mucho es vivísimo, y el ladronzuelo un idiota o un tarado”.

Con o sin amnistía los delincuentes continúan siendo culpables a la vista de todos, el que robó, mató, violó, siempre será señalado como ladrón, asesino o violador. Sus crímenes no desaparecen como fantasmas, como si nunca hubieran existido, con el perdón de jueces, magistrados y demás colegiados. Cómo vamos a estar tranquilos con semejantes fieras sueltas, porque los maleantes actúan como tales. A las fieras se les pone en jaulas y no de oro, sino detrás de fuertes barrotes para que no devoren a nadie, como pasó con un tigre de San Francisco, California.

Desde la Historia Universal, desde el Génesis: Adán y Eva fueron condenados a sufrir por su pecado. No se detienen las condenas porque los bandidos sean aliados políticos, amigos nuestros, o pagan bien su libertad. Yo creo que nadie ha olvidado a nefastos dictadores en nuestro continente por sus tiranías y crueldades, de estar vivos no creo que ninguno habría sido absuelto. Las penas deben existir para tales hechos, si no lo hacemos, acaso todos podrían convertirse en asesinos, matando a miles por hambre, violadores de niños, niñas, viejas, mujeres, maleantes que han arrebatado el pan de pobre a los más pobres con graves consecuencias; con ese ejemplo acaso continuemos haciendo lo mismo, porque aquí, finalmente los zánganos son perdonados y hasta considerados líderes que cantan alegremente: “Yo no fui, fue Teté”: (guaracha cubana), aquí donde abundan los guaracheros en calles y avenidas, que han realizado actos fuera de ley, o sea, maleantes que dicen que ya no lo son. Con este ejemplo se ha logrado establecer una terrible apatía y un hondo vacío en el corazón de los nicaragüenses.

Si el actual Gobierno quiere hacer algo muy importante en su gestión para combatir esta malvada herencia de siglos, debería de implantar con firmeza y decisión el programa: ¡Amnistía cero! Que incluya por lo menos a los peores delincuentes, quienquiera que sean, estén donde estén y que no existan presos olvidados por casualidad. Para lograr un verdadero perdón se necesita un verdadero arrepentimiento y reparar deudas.

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