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La piedra en el zapato
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo. Fue presidente de la SIP.
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Tuve dudas con el título. La opción era entre el elegido “La piedra en el zapato” o , en su lugar, “Migas en la cama”. Ambos aluden al Canal de cable Globovisión, el de mayor audiencia y el único independiente y que critica a Hugo Chávez en Venezuela, y que obsesiona al comandante bolivariano, quien busca y rebusca cualquier excusa para cerrarlo.

Y no hay que confiarse: es muy posible que lo cierre. Chávez, y sus consejeros-testaferros saben, tras la experiencia con Radio Caracas Televisión, del costo de un nuevo atropello de ese tipo. Pero Globovisión cumple una tarea testimonial que perturba “los sueños” del mandatario y no le deja caminar con comodidad hacia su meta de transformar a Venezuela en el segundo país totalitario del continente.

No es que no haya otros medios independientes, críticos u opositores al régimen chavista. Los hay y muchos. Lo es en una buena parte la prensa escrita. Pero es notorio que como medios masivos de comunicación las publicaciones, frente a la televisión, han perdido llegada al público en general.

Pero ello no implica que los diarios no sean importantes. Han perdido circulación sí, pero siguen fijando el menú informativo —en especial el político— el que luego es complementado y amplificado por los medios electrónicos, que lo llevan a cada rincón del territorio y a cada uno de los ciudadanos.

Ese proceso es, precisamente, la causa de la fobia contra diarios, revistas y semanarios de los nuevos gobernantes autoritarista-progresistas de la región. Es a la vez el que explica la estrategia de estos gobiernos frente a la radio y televisión, para transformarlas en meros medios de entretenimiento —cuantos más chabacanos y ordinarios mejor—, en donde , de ser posible, no haya informativos ni programas periodísticos. En la medida que no se animan a aplicar plenamente sus teorías leninistas y fidelistas de convertir a los medios de información en “órganos del Partido”, procuran que se ocupen de distraer, embotar y alienar a la opinión pública a través de programas con premios, seudosolidarios y de ser posible “explícitos”, cada vez con menos límites temáticos y de horarios, y por supuesto con conductores que no estén muy convencidos de las obligaciones que entrañan la profesión y la ética periodística. Si son populares por otras actividades que no sean las periodísticas, mejor. Ello sin perjuicio de los periodistas militantes y oficialistas, a los que se suman los timoratos y oportunistas de siempre, más los periodistas intelectuales de nariz levantada que cumplen a satisfacción la tarea de testaferros de los autoritarismos de izquierda.

Queda claro entonces el porqué del reclamo de Chávez de que “ese canal de televisión (Globovisión) debe ser sancionado severamente” y de la conducta de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), una más de las tantas oficinas del chavismo, que oficia de organismo regulador y que inició una investigación contra el referido canal por “incitar a la alteración del orden público” durante las recientes elecciones municipales, en el marco de “un procedimiento administrativo sancionatorio” por violación de las obligaciones establecidas en la antidemocrática Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión que impusiera el régimen chavista a los venezolanos.

Un procedimiento sin duda muy retorcido siguiendo la línea que impusiera la dupla Fujimori-Montesinos (este último amigo y protegido de Chávez), de recurrir a las normas legales para “legitimar” los mayores atropellos, y así justificar la defensa de testaferros y cretinos útiles. Los mismo que repiten lo que dicen los chavistas sobre la “politización y la partidización” de los diarios venezolanos, tratando de quitarle credibilidad a su denuncias y sus críticas.

Esto es, todo funcionaría bien si no fuera porque después viene Globovisión y con la imagen, en vivo y en directo, confirma esas denuncias y muestra al desnudo todo aquello que justifica esas críticas.

Chávez dadas sus “aspiraciones” y de acuerdo con su estilo y sus antecedentes, no puede dormir ni caminar, ni vivir, con tantas molestias.

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