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Managua, 27/05/2012 1:47 AM
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Por la paz, con Israel y con Palestina
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El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, demandó públicamente a Israel que detenga los bombardeos contra el territorio palestino de la Franja de Gaza, a los que calificó como criminales. Sin embargo, Ortega no le pidió a sus amigos palestino de Hamas que dejen de lanzar cohetes contra la población civil de Israel, lo cual también es criminal y causa de la represalia israelí.

En realidad, condenar un bombardeo criminal pero justificar o guardar silencio ante el otro bombardeo criminal, es una actitud por lo menos hipócrita, que no abona a la búsqueda de una solución pacífica al conflicto. Es correcto demandar a Israel que cese los bombardeos contra la Franja de Gaza, pero al mismo tiempo hay que pedirle a Hamas que ponga fin a sus ataques con cohetes contra las poblaciones civiles de Israel, y que se comprometa a no atacarlas más en lo sucesivo. Esto para mientras todas las partes del conflicto se reconocen por fin el derecho de Israel y Palestina a existir y convivir cada uno por separado, como pueblo y Estado independiente, libre y soberano.

A este respecto, el eminente periodista y escritor israelí Amos Oz, quien ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias y es candidato al Nobel de Literatura, el sábado 27 de diciembre publicó en varios periódicos del mundo un artículo en el cual expresa “que tanto los judíos como los palestinos tienen una reivindicación muy fundamentada. Una causa muy justa, que ambos defienden a veces de forma equivocada. Lo triste es que esas dos reivindicaciones justas tienen que ver con la misma tierra. Esto es una tragedia porque ambas partes no poseen más territorio, no tienen ningún otro lugar al que dirigirse”, escribió Oz reiterando una posición por la cual ha sido acusado de traidor por los extremistas de Israel y como enemigo mortal por los extremistas de Palestina.

Con su equilibrado sentido de periodista, Amos Oz sostiene que “el mejor camino para Israel es llegar a una tregua completa a cambio de un alivio del bloqueo impuesto a Gaza”. Pero “si Hamas sigue rehusándose a llegar a una tregua y prosigue el bombardeo de los civiles israelíes hay que tener cuidado que una operación militar no le haga el juego a Hamas. El cálculo de éste es sencillo, cínico y malévolo. Si mueren israelíes inocentes, tanto mejor, y si mueren muchos palestinos inocentes, tantísimo mejor. Ante semejante actitud, Israel debe obrar con sensatez y no en un arrebato de ira”, advirtió el eminente periodista y escritor hebreo.

Pero Hamas no quiso mantener la precaria tregua que gracias a la mediación de Egipto se había establecido en junio pasado, y más bien arreció sus ataques con cohetes contra poblaciones civiles de Israel. Y el Gobierno israelí, por su parte, como lo temía Amos Oz, reaccionó con ira y desencadenó una terrible represalia contra objetivos estratégicos de Hamas, que también ha causado muerte y destrucción a la población civil de Gaza.

En estas circunstancias, lo aconsejable a nivel de comunidad internacional es mantener una posición balanceada. Una propuesta correcta en este caso es la que planteó el enviado especial de las Naciones Unidas para el Oriente Medio, Robert Serry, quien dijo el domingo pasado en Jerusalén que “no existe una solución militar al conflicto”, y por lo tanto “la comunidad internacional, las Naciones Unidas, la Liga Árabe, el Consejo de Seguridad y también el Cuarteto para Oriente Medio (formado por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU), deben promover un medio para avanzar hacia un nuevo alto al fuego”. Pero esto en el entendido de que “toda nueva tregua debe garantizar el cese de los disparos de cohetes palestinos contra territorio israelí y la reapertura permanente de los puntos de paso entre Israel y la Franja de Gaza, donde viven millón y medio de personas en míseras condiciones”.

Tal vez la paz definitiva entre Israel y Palestina es todavía inalcanzable. Pero una tregua para evitar que continúen los ataques por ambas partes, y se ponga fin al derramamiento de sangre y la destrucción material que causan las bombas de Israel y los cohetes de Hamas, no sólo es posible sino imperiosamente necesaria, mientras se sigue buscando la fórmula para que algún día se acepte lo inevitable. Es decir, que tanto Israel como Palestina tienen que existir como nación y como Estado, y que deben respetarse recíprocamente ese derecho.

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