Los científicos creen que algunas personas tienen problemas para escuchar, no por daños en el sistema auditivo propiamente, sino en una especie de circuito del cerebro que permite controlar el ingreso de sonidos a los oídos y que parece dejar de funcionar con el tiempo.
En las fiestas de fin de año, en medio del ruido de la multitud y la música fuerte, las conversaciones para muchos de nosotros suenan así: “Sabes que (música fuerte) fue (oímos sin querer parte de otra conversación) y ella (vasos que chocan) y entonces yo (nuevamente otro diálogo ajeno a nosotros). ¿Qué harías tú?”
Aunque se argumente que la comprensión limitada del diálogo obedece al ruido a nuestro alrededor, no podemos dejar de darnos cuenta de que algunos jóvenes sí pudieron entender el diálogo. Es entonces cuando pensamos que algo está mal con nuestros oídos.
Sin embargo, el problema quizás no esté allí, sino más profundamente, en el centro del cerebro que permite controlar el ingreso de sonidos al oído, que parece dejar de funcionar con el tiempo. Ahora los científicos empiezan a tener algunas pistas sobre lo que ocurre.
La incapacidad de comprender cabalmente una conversación en un ambiente ruidoso se denomina coloquialmente como el “problema de la fiesta de cóctel” y se le considera como uno de los primeros indicadores de la pérdida del oído en la mediana edad, un problema que afecta a la tercera parte de los adultos entre 65 y 75 años.