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Managua, 27/05/2012 1:46 AM
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La “pequeña banderita”
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El próximo 9 de enero la Asamblea Nacional elegirá a los miembros de su nueva Junta Directiva, que fungirán por los siguientes dos años. Y como siempre ocurre antes de la elección de los nuevos directivos parlamentarios, en las bancadas y los partidos políticos se hacen negociaciones y cualquier clase de propuestas y arreglos para la composición política que debe tener la nueva Junta Directiva, cada quien tratando de sacar el mejor provecho pero todos hablando de consenso parlamentario, de gobernabilidad, de agenda legislativa de interés nacional, etc.

Pero en esta oportunidad, de la elección de la Junta Directiva depende que el Poder Legislativo conserve la independencia institucional que manda la Constitución, o que se entregue también a Daniel Ortega y al FSLN como ya se han sometido los demás poderes del Estado: Ejecutivo, Judicial y Electoral. Además, después del escandaloso fraude en las elecciones municipales del 9 de noviembre pasado, mediante el cual Ortega y el FSLN se apoderaron de tres cuartas partes de las alcaldías de todo el país, sólo les falta adueñarse de la Asamblea Nacional para imponer su hegemonía total en el Estado, el Gobierno y la sociedad. Para consolidar la nueva dictadura.

Hasta fines de este año la oposición logró detener un poco, en la Asamblea Nacional, el avance arrollador del proyecto orteguista de restaurar la dictadura en Nicaragua. Por lo menos impidió presentar la reforma constitucional para permitirle a Daniel Ortega reelegirse fraudulentamente en las elecciones del 2011; o seguir gobernando después de esa fecha como primer ministro, según el modelo Putin de Rusia; o de una sola vez, convocar a una asamblea constituyente para, igual que Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Correa en Ecuador, hacer lo que ellos llaman refundación del Estado que no es más que la demolición de las instituciones democráticas.

Pero la oposición parlamentaria está cada vez más debilitada. De 53 diputados que eligió en noviembre de 2006, ha perdido por lo menos 7 y al finalizar la Legislatura de este año no pudo llenar el quórum de 47, para aprobar una ley anulatoria de las elecciones fraudulentas del 9 de noviembre. Y aún así hay quienes no ven, o no quieren ver, el gran peligro que acecha a la Asamblea Nacional y los amenaza a ellos mismos. O lo ven pero quieren engañar a la población.

Por ejemplo, la propuesta del PLC o de su líder Arnoldo Alemán, de que Eliseo Núñez de la ALN, sea el próximo presidente de la Asamblea Nacional, equivale simple y llanamente a entregar el control del Poder Legislativo al orteguismo. Si Eliseo Núñez de ALN fuese un opositor y demócrata fiable —y lo mismo se debe decir de los dos miembros del PLC que queden en la Junta Directiva—, no habría problema. Ellos tres, junto con los dos de la Bancada Democrática del Movimiento Vamos con Eduardo y la Alianza MRS harían una mayoría sólida de 5 sobre 2 del FSLN.

Pero, ¿es el diputado Eliseo Núñez de ALN un confiable opositor y demócrata? ¿Acaso no se prestó al juego sucio de Ortega y el FSLN, de despojar a Eduardo Montealegre de su partido para debilitar a la oposición y allanar el camino al fraude electoral? Y los dos representantes que tendría el PLC en la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, ¿serán honestos opositores y demócratas en quienes se pueda confiar que no se van a entregar a Daniel Ortega y el FSLN?

Según Arnoldo Alemán, si los liberales no pactan con Eliseo Núñez y lo eligen presidente de la Asamblea Nacional, a cambio de los seis votos de ALN, éstos pactarían con el FSLN. Éste es evidentemente, un pragmatismo amoral. Pero si Ortega y el FSLN de una u otra manera se saldrían con la suya, en vez de hacer el papel de tontos útiles e inútiles los diputados que son verdaderamente opositores y demócratas, deben pugnar contra viento y marea por una Junta Directiva con mayoría genuinamente democrática. Ellos deben levantar la “banderita” de la honestidad y la dignidad, de la que hablaba el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Una banderita —decía— “que no es pequeña ya no digamos por lo que significa como base de la democracia, sino también porque está regada con la sangre misma de nuestros hermanos”.

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