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Gracias a Alemán
Humberto Belli Pereira
El autor fue Ministro de Educación y rector de Ave Maria College.
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Gracias a Alemán, Ortega llegó al poder, robó las elecciones municipales y el gran partido liberal de Zeledón y Zelaya, fuerza líder del siglo XX, está en vías de convertirse en un partido zancudo. Gracias a Alemán, Ortega podría perpetuarse en el poder

Cuando Arnoldo Alemán asumió la Presidencia en enero de 1997 la composición política de los poderes del Estado era favorable para las fuerzas democráticas, y negativa para las de Daniel Ortega. Dionisio Marenco, quien entonces era el brazo derecho de éste, lo expresó así: “En todo el andamiaje político, en el CSE, en las Cortes, el Frente estaba en cero, no tenía un solo representante, y recuerdo que yo le decía a Daniel Ortega: Ni se nos ocurra ir a una elección si no tenemos al menos un magistrado en ese Consejo, porque nos van a joder”. (Entrevista, 31 agosto 2008).

Y es que en 1997 doña Violeta había legado una Corte Suprema de Justicia (CSJ) en la cual ocho, de sus doce magistrados, provenían de los partidos de la UNO (Unión Nacional Opositora) y tres simpatizaban con el disidente Sergio Ramírez. Lo mismo ocurría con el Consejo Supremo Electoral (CSE). Los únicos magistrados ajenos a la UNO, la doctora Rosa Marina Zelaya y Fernando Silva, se habían sumado a la disidencia del MRS. Por otro lado la Constitución establecía como mínimo el 45 por ciento para ganar en primera vuelta, lo que hacía prácticamente imposible cualquier victoria electoral del FSLN.

Todo esto cambió dramáticamente con el pacto de 1999. En una serie de concesiones, sin precedente, Alemán, desde su Presidencia, otorgó a Ortega la mitad de los asientos de la CSJ y del CSE, y le aceptó bajar a 35 el porcentaje de los votos necesarios para ganar en primera vuelta. Esta bocanada de oxígeno político causó júbilo en las filas del Frente. El 35, en particular, fue visto por los sandinistas, en palabras del propio Marenco, “como un guante hecho a la medida”, o, en la expresión de Tomás Borge, “como un regalo en bandeja de plata”. Ni el propio Ortega lo podía creer. Según Marenco, minutos después de la histórica concesión, Daniel, bajando de El Crucero le preguntó: “¿Por qué habrá cedido el gordo esto?”.

La respuesta era simple. Alemán quería asegurarse una diputación al terminar la Presidencia y así comprar su inmunidad. Las ventajas logradas para su partido fueron muy pocas; a lo sumo unos puestos más en la CSJ y en el CSE. Para el país, ninguna. Los poderes del Estado quedaron politizados y el FSLN comenzó a sacar la mejor parte. Pocas veces en la historia de las negociaciones políticas nicaragüenses había un partido obtenido tan poco a cambio de tanto.

La victoria de Ortega en las últimas elecciones presidenciales fue producto directo del 35 por ciento, no de la división del voto liberal. De haber estado vigente el precepto anterior del 45 por ciento, hubiese habido una segunda vuelta que, con seguridad, la hubiese ganado el candidato liberal. De aquí la frase categórica de Nicho Marenco: “Si no se ha dado ese pacto el Frente Sandinista ¡nunca! hubiera ganado las elecciones”.

La sentencia condenatoria contra Alemán, un año después, empeoró las cosas. Aprovechando la hegemonía sobre el Poder Judicial que Alemán le había conferido, Ortega comenzó a chantajearlo amenazándolo con enviarlo a la cárcel Modelo si no le seguía ampliando sus concesiones. Alemán cedió de nuevo, sacrificando los intereses de la Patria por su confort personal. El capítulo más reciente en esta historia de traiciones fue la preparación del fraude de las elecciones municipales.

El otorgamiento de cédulas, y el grueso de la logística electoral, quedaron en manos de activistas de Ortega, mientras los magistrados liberales, nombrados con la venia de Alemán, se volvieron cómplices de las medidas maquiavélicas del CSE. Una de ellas fue el quitar la ALN a Montealegre. Otra fue la cancelación de la personería jurídica del MRS (Movimiento Renovador Sandinista) y del PC (Partido Conservador), solicitada por Wilfredo Navarro, instrumento fiel de Alemán. Con ello la oposición perdió dos de los tres fiscales que tenía en las Juntas Receptoras de Votos, y se facilitó el robo.

Gracias a Alemán Ortega llegó al poder. Gracias a Alemán, Ortega robó las elecciones municipales y gracias a Alemán, el gran partido liberal de Zeledón y Zelaya, fuerza líder del siglo XX, está en vías de convertirse en un partido zancudo. Lo grave es que la historia de traiciones no ha terminado. Gracias a Alemán, Ortega podría perpetuarse en el poder. Ambos redactaron ya el anteproyecto de reforma constitucional que permite la reelección. Ya la daga está afilada.

Que caiga sobre nosotros es decisión nuestra. Los nicaragüenses podremos impedir esta última estocada, siempre que estemos resueltos a cortar el paso de quienes blanden el puñal. El costo podrá ser alto. Pero el costo de no hacerlo será peor.

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