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Managua, 27/05/2012 2:39 AM
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Noticias >> Economía
Diego Rodríguez, Ricardo Fardiño y Carlos Londoño, de la empresa Corredores Asociados S.A. ()
CANCHA MILLONARIA
Inspirada en el modelo chileno, una firma colombiana quiere llevar a los equipos locales de futbol a cotizar en la bolsa de valores
Lucía Valdés
BOGOTÁ
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En junio pasado las cuentas poco claras reinaban en muchos equipos de futbol colombianos. Incluso algunos se habían ganado problemas judiciales —Millonarios y América de Cali, que hoy están bajo el ojo de la Dirección Nacional de Estupefacientes— por recibir y maquillar dineros provenientes del narcotráfico.

Pero este año las autoridades deportivas decidieron poner bajo lupa a los 36 clubes de balompié profesional. Por medio de un plan único de cuentas, Coldeportes, la entidad que rige y coordina el Sistema Nacional del Deporte en Colombia, obligó a los contadores de los clubes a presentar ordenadamente sus cuentas. Eso incluye mejorar la información sobre la venta de jugadores o el origen de sus ingresos. Les exige que sus balances no muestren activos intangibles, como la valoración de la marca, la licencia o el derecho a participar en un campeonato.

Lo bueno es que el panorama está pavimentando el camino a una iniciativa privada que adelanta la firma comisionista Corredores Asociados, que trabaja en forma conjunta con los chilenos de LarrainVial.

Diego Rodríguez, vicepresidente de moneda extranjera, y Carlos Londoño, vicepresidente de banca de inversión de Corredores Asociados, vieron cómo el modelo que impuso Colo-Colo en Chile con su debut en la bolsa de Santiago, en 2005, cambió la estructura y la forma de ver el negocio del futbol en Latinoamérica.

“Eso fue lo que nos motivó a replicarlo en Colombia, aprovechando de paso que el Gobierno, a través de la Vicepresidencia, tiene la iniciativa de convertir los equipos de futbol en sociedades anónimas, por medio de un proyecto de ley que está siendo examinado en esta legislatura”, explica Rodríguez. Añade que se trata de un negocio rentable y transparente para la economía y el futbol.

Después de analizar la idea con sus socios, la compañía conformó un equipo de trabajo, cuyo brazo legal es la firma de abogados Gómez Pinzón Zuleta y el mediático es la empresa Dattis Comunicaciones. Ésa es la primera parte del proceso. Hoy están convenciendo a los presidentes de los clubes locales de futbol más importantes acerca de las ventajas de llegar a la bolsa para saldar deudas y capitalizarse.

De paso, el futbol colombiano podrá quitarse de encima el estigma que por muchos años marcó a muchos clubes que se vieron involucrados en lavado de dinero y accionistas “non sanctos”. El equipo Millonarios, de la capital del país, tuvo, por ejemplo, que ser intervenido por la Dirección Nacional de Estupefacientes y América de Cali estuvo incluido en la “Lista Clinton” en épocas recientes.

ÁNIMO DE LUCRO

Lo clave es cómo llegar a la bolsa. Dado que la mayoría de los clubes colombianos son corporaciones sin ánimo de lucro, no pueden inscribirse en el mercado de valores y eso es lo primero que debe cambiarse. “El futbol es un negocio y tenemos que darle la estructura para que funcione como tal”, explica Londoño. Admite que el modelo está diseñado para aquellos clubes que, como Independiente Santa Fe o Atlético Nacional, están en capacidad de llevar al estadio a una nutrida hinchada y cuentan con una marca reconocida. Uno de los mecanismos para que coticen en bolsa es adelantar un proceso indirecto, inspirado en el modelo chileno, en el que una firma privada hace la emisión de bonos o acciones y suscribe un contrato de administración con el club.

La idea se está puliendo y los candidatos interesados deben tener una estructura financiera transparente. “Si este proceso es exitoso va a romper paradigmas, porque hasta ahora las compañías que entran a la Bolsa de Valores de Colombia son firmas muy grandes, mientras que los clubes de futbol no lo son”, afirma Rodríguez, quien está convencido de que este negocio, que involucra pasión y afición, puede ser muy rentable si es bien manejado.

Pero algunos tienen reparos con este modelo. “Si los clubes constituyen una sociedad anónima que entra a cotizar en bolsa, ésta sería vigilada por la Superintendencia Financiera, que no es un organismo deportivo; entonces ¿hasta dónde llegará nuestra vigilancia?”, dice Jorge Colmenares, cabeza de la oficina de Inspección, Vigilancia y Control de Coldeportes —la entidad que planifica, rige y coordina el Sistema Nacional del Deporte en Colombia—. A su juicio, los equipos se convertirían en simples cascarones y las sociedades anónimas entrarían a manejar todo el negocio a través de un contrato de comercialización.

Colmenares prefiere otro, que es el mecanismo jurídico contemplado en el proyecto de ley que estudia el Congreso y que permite la conversión de los clubes de futbol a sociedades anónimas. Dice que cuenta con todo el andamiaje jurídico y tributario que deben tener los clubes cuando pasen a ser entidades con ánimo de lucro, así como el aval de organismos como la Dimayor, la Federación de Futbol y la Superintendencia de Sociedades.

La iniciativa presentada por el Gobierno exige que los clubes deportivos tengan un mínimo de cinco socios para operar y propone que un equipo (no importa si es de la categoría A o B) tenga un capital base de 1,001 salarios mínimos, es decir, 207,733 dólares.

Luis Bedoya, presidente de la Federación de Futbol, dice que el modelo bajo el que funciona hoy el futbol colombiano se está acabando en el mundo. “Hay gente interesada en invertir en el futbol y aportar importantes capitales, pero naturalmente busca utilidades. Es el modelo que funciona en Europa, que es donde más capitales ingresan. Que sean sociedades anónimas, pero con dividendos y puedan cotizar en bolsa; eso va a hacerlo un negocio más claro y transparente”, admite.

A los directivos de las escuadras también les suena la idea. Víctor Marulanda, presidente del Atlético Nacional, dice que se trata de un tema importante para el futbol, pues “significa que existe otro sentido de cómo capitalizar al club y eso determina muchos más recursos”.

Mientras Gobierno y privados se ponen de acuerdo en la forma como empezarán a sacarle esos dividendos al negocio, todos coinciden en que se trata de una oportunidad que no puede desperdiciarse. Si se tiene en cuenta que, según cifras del Departamento Nacional de Estadística, el año pasado la economía colombiana gastó el 2 por ciento del PIB en entretenimiento, unos 3,000 millones de dólares, y que los ingresos de los clubes colombianos por concepto de taquilla no llegan a los 100 millones de dólares al año, el potencial que se vislumbra es muy grande.

“Es un negocio gigantesco”, dice Diego Rodríguez, de Corredores Asociados, “y la tajada que se lleva el futbol puede crecer mucho más; ése es el potencial de negocio que nosotros estamos viendo como banqueros de inversión”.

Y a eso también le están apostando los clubes, que no sólo podrían contar con dinero para operar como una empresa y generar utilidades a sus accionistas, sino que podrían mejorar su estructura financiera y competir de tú a tú en las grandes ligas del futbol mundial.

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