Las hamburguesas y papas fritas parecen tener un malévolo encanto; porque por más que luchemos por evitar comerlas, es casi imposible no caer en la tentación.
Si usted es de los que prefieren alguna fritura para la merienda, en lugar de frutas, no permita que la culpa se apodere de usted, pues los científicos pueden haber descubierto que un gen puede estar vinculado con el riesgo de obesidad; un motivo por el que algunas personas prefieran papas fritas en vez de una manzana.
Un estudio a niños halló que quienes tenían una variante común del gen tendían a comer en exceso alimentos con muchas calorías. Ingerían 100 calorías extra por comida, lo que a la larga puede contribuir a incrementar su peso, dijo Colin Palmer, que condujo el estudio en la Universidad de Dundee en Escocia.
Las conclusiones no significan que todos los que tengan esa versión del gen se excederán en la comida y se pondrán obesos, aclaró. Es sólo que podrían tener la tendencia a comer más alimentos grasos.
NO COMA DE MÁS
Pero no se confíe, porque engordar seguirá siendo un “problema personal”, ya que el gen no provoca el aumento de peso si no se come de más; así que la talla de pantalón que quiera usar sigue estando bajo su responsabilidad.
Palmer dijo que los resultados apoyan la teoría de que la obesidad infantil podría estar conectada con la gran disponibilidad y bajo costo de los alimentos ricos en calorías.
Para desarrollar la investigación, dos mil 700 niños recibieron tres comidas en la escuela que incluían una mezcla de frutas y verduras más jamón, queso, papas fritas, caramelos de chocolate y panecillos.
Los investigadores hallaron que los niños con la variante genética no mostraban diferencias en las tasas metabólicas, los niveles de actividad física o la cantidad de alimento ingerido, pero descubrieron que preferían los alimentos más “ricos”.
TAMPOCO SE CONFÍE
El año pasado, los científicos descubrieron que el gen, llamado FTO, estaba vinculado con la obesidad, pero no sabían por qué. La mayoría de los demás genes que se cree tienen incidencia sobre el peso corporal influyen sobre el apetito.
Palmer y sus colegas querían saber si el gen FTO también tenía que ver con el comportamiento al alimentarse, o si involucraba el modo en que el organismo quema calorías.
El doctor Rudolph Leibel, investigador sobre la obesidad en la Universidad de Columbia en Nueva York, dijo que es difícil tomar medidas precisas de lo que come cada uno, pero que el estudio escocés lo hizo en un ambiente controlado.
Agregó que la ingestión excesiva de alimentos podría deberse más a la necesidad de calorías que a una preferencia por las comidas grasas. La grasa es un modo adecuado de recibir esas calorías extra.
Palmer, el investigador escocés, dijo que no hay necesidad de examinar a la gente para determinar si tiene la variante genética en cuestión, ya que probablemente hay muchos genes que inciden sobre la obesidad.
Y aunque al final sería difícil saber si tenemos o no algún gen que nos haga subir de peso o preferir las comidas que engordan, las recomendaciones seguirán siendo las mismas: coma saludable, poca grasa y haga mucho ejercicio. Al parecer el encanto duró poco y la culpa por comer comida chatarra está de regreso.