En las últimas dos semanas el presidente del Banco Central de Nicaragua, Antenor Rosales, ha repetido la frase con la que titulo esta columna, por lo menos tres veces.
No se necesita ser un vidente para saber eso, sin embargo, lo que me llama la atención es que el jefe de don Antenor parece no darse por enterado de las advertencias que está haciendo de manera vehemente el que debería ser su principal asesor económico.
A menos que el compañero comandante pueblo presidente líder serenísimo Daniel esté pensando sacudirse la crisis económica que se nos avecina, con el pretexto de que es algo mundial; debería de poner más atención a la advertencia de Rosales, quien estoy seguro está muy claro de su intención cuando da ese tipo de declaraciones a los medios.
Es cierto que hay una crisis mundial, y eso nos va a golpear principalmente porque las remesas que envían los nicaragüenses desde Estados Unidos y Costa Rica van a disminuir, igual que las exportaciones de las maquiladoras al disminuir los pedidos de las empresas que venden ropa al detalle, así que aumentará el desempleo y, para colmo, Costa Rica y Estados Unidos van a dejar de ser por un buen tiempo una válvula de escape para los desempleados nicaragüenses.
A esto hay que aumentarle que como hay menor demanda de parte de nuestros mercados tradicionales como son Estados Unidos, Europa y Centroamérica, los precios de los productos de exportación están cayendo y los volúmenes de producción no están aumentando.
Pero si el factor externo ya es bastante difícil, el compañero comandante pueblo presidente líder serenísimo Daniel no está ayudando para que los nicaragüenses lo sobrellevemos.
Aquí por lo menos el 10 por ciento del Presupuesto es financiado por la generosa ayuda de ciudadanos europeos, canadienses y hasta estadounidenses, porque el Banco Interamericano de Desarrollo aporta a esos fondos “de libre disponibilidad” que da el llamado Grupo de Apoyo Presupuestario, que es dinero en efectivo que entra al Presupuesto.
Esa ayuda está en peligro por el descarado fraude electoral realizado el pasado nueve de noviembre por el orteguismo.
Lejos de tratar de componer la s cosas, el Presidente ha dicho que si esa ayuda se esfuma, él no va a “ir de rodillas a pedirle a los cooperantes que la reanuden”. Es más, en un alarde de cinismo dice que el corte de ayuda como la donación de la Cuenta Reto del Milenio “no me afecta a mí, sino al pueblo”. Si él fuera en realidad la encarnación del Pueblo-Presidente al menos debería estar preocupado.
El compañero comandante pueblo presidente líder serenísimo Daniel pretende hacernos creer que la panacea es la llamada “ayuda solidaria” de su amigo el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que le promete todo al peso de la lengua, aunque no cumpla ni la mitad.
Pero el problema no sólo es la mitomanía de Chávez, o que Ortega le crea, el problema real es que hoy el petróleo venezolano se vende a 31 dólares el barril y sólo para financiar el Presupuesto de Venezuela (en más de 60 por ciento aportado por el petróleo) el precio debería de mantenerse en 60 dólares a lo largo del 2009.
Las cuentas no dan y el próximo año va a ser “difícil”, sin duda.