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Noticias >> Opinión
El Poder Electoral, violador de los derechos humanos
Elba Gutiérrez Herrera
La autora es periodista.
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A propósito de la reciente conmemoración de los 60 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, hay que decir que en Nicaragua el principal violador de estos derechos es el mismo Estado, al llevar a cabo el Poder Electoral serias irregularidades en las elecciones municipales del 9 de noviembre.

Un derecho fundamental consagrado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y contemplado en el artículo 51 de la Constitución de Nicaragua, dice: “Los ciudadanos tienen derecho a elegir y ser elegidos en elecciones periódicas…”. Este derecho fue abruptamente arrebatado en las elecciones municipales.

Nuestros obispos, a través de su Carta Pastoral del 11 de noviembre de este año, dijeron que el mencionado proceso electoral se colocó en entredicho, cuando se vio al Poder Electoral manoseando la voluntad popular, en misas negras llevadas a cabo en horas de la noche.

El día 12 de noviembre asistí a un centro comercial muy populoso donde me encontré al presidente de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Eliseo Núñez, reunido con un alto personaje sandinista. Le pregunté qué hacía en ese lugar con ese señor y me contestó molesto que Arnoldo Alemán ya le había vendido Nicaragua al Presidente y secretario general del partido sandinista, Daniel Ortega, y lo que ellos agarraran era ganancia, que por eso iban a reconocer la derrota en Managua. Por supuesto que yo le reproché su actitud política y le previne que la gente está harta de políticos corruptos que juegan con la voluntad popular.

Después, grandes personajes sandinistas, a pesar de proclamarse católicos me dijeron el mismo discurso de los años ochenta: que “la religión es el opio de los pueblos” y que “siempre es el instrumento de opresión de la derecha”. Les respondí: “Ustedes ¿a quién siguen? ¿A un hombre o a Dios? Decidan, porque la preocupación de los obispos, como lo dijo su Santidad Benedicto XVI, “es por su pueblo, no por partidos políticos”. Esos sandinistas hasta manifestaron que de ahora en adelante los van a tratar como políticos, no como sacerdotes. Entonces les expresé que son lobos que se disfrazan de corderos, los que sin el menor pudor llegaron a amenazar a varios sacerdotes. Dan lástima, pero como me dijo un obispo: “Dios se encargará de ellos, y el que tenga oídos que oiga”.

Ojalá que pronto Nicaragua pueda salir de la crisis que dejó el fraude electoral, por una vía civilizada, como actuó la población en las elecciones municipales, sin lograr el propósito de retomar una vez más el camino de la democracia que tanto dolor, luto, sangre y desintegración familiar dejó a Nicaragua.

Espero que las autoridades electorales recapaciten por el bien de la nación y de ellos mismos. La historia y Dios, que todo lo ve y lo sabe, los juzgará en un futuro que está a la vuelta de la esquina, y les cobrará el irrespeto a los derechos humanos de una población que les da no sólo para comer, sino también para ostentaciones que rayan en lo ridículo mientras el pueblo sufre hambre y muchos tienen que emigrar para sostener a sus familias. ¡Que Dios bendiga a nuestra Patria!

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