Muchos han decretado la muerte de la comedia en el cine. No los culpo. Esta serie de películas parodiando otras películas han hecho creer que para hacer reír a la gente las bromas por ley tienen que ser con flatulencia, excrementos, vómitos y cuanta escatología se les ocurra. Sin embargo, después de ver Hermanastros se pueden entender un par de cosas: Uno, todos somos adultos y podemos tolerar con humor cualquier situación subida de tono que presenciemos en una sala de cine. Dos, una flatulencia o un par de testículos al aire sí señores, aunque suene vulgar, pueden ser muy divertidos. El arte (y la buena comedia es un arte muy difícil) está en qué situaciones colocarlos. Y más importante, si quienes se tiran la flatulencia o alzan sus testículos son John C. Really y Will Ferrell, la pareja más cómica de la actualidad cinematográfica.
Brennan Huff (Will Ferrell) tiene treinta y nueve años y vive con su madre. Suele conseguir patéticos empleos esporádicos. Es un mimado y mantenido. Dale Doback (John C. Reilly), tiene cuarenta años. Es desempleado crónico por decisión propia. Vive con su padre. Cuando la madre de Brennan y el padre de Dale se casan, los niños mayores se ven obligados a compartir casa, cuarto y juguetes, para adultos.
No es el primer trabajo de Really y Ferrel juntos. Si usted ya tuvo la oportunidad de ver en cable o vídeo Anchorman o Noches de Talladega podrá estar preparado para la hilaridad que esta pareja suele exhalar en pantalla. Pero Hermanastros tiene algo particular. La película está basada en una idea de estos dos actores. El guión está hecho para ellos. Nadie más podía asumir estos roles. Las capacidades histriónicas para hacer reír de ambos actores alcanzan niveles pirotécnicos, resultando en la química cómica más volátil que se pueda ver en pantalla.
Es cierto. La cinta puede resultar bastante ofensiva y grotesca para gustos sensibles. Las mujeres como tal no resultan bien tratadas. Pero caramba, la escenas entre Really y Ferrell están tan graciosamente construidas que creo que hasta el más estricto de los curas de nuestros barrios forzosamente tendría que esbozar una sonrisa al menos.
Tomen nota por ejemplo de la presentación que éstos hacen ante su familia de su cuasi compañía de entretenimiento, tontamente llamada Prestigio Mundial. La canción que rapean se llama “Barcos y p…” Podríamos esperar cualquier basura. Sin embargo, resulta ser la secuencia más graciosa del filme. Si el amigo lector es sensible y muy recatado, entonces más obligado está de ir a verla. Estoy seguro que reirá mucho y notará que de vez en cuando puede ser alguien que disfrute del narcisismo y la vulgaridad, que es lo mejor de estos hermanastros inmaduros pasados de peso y edad.