Renombrados intelectuales de Nicaragua, de Hispanoamérica y de Europa, han condenado la censura del gobierno de Daniel Ortega al escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, en el caso del prólogo a un libro de selección de la obra poética de Carlos Martínez Rivas, que debía ser publicado por el diario El País, de España. La censura a Sergio Ramírez Mercado ha sido calificada como una actitud intolerante, cavernaria, torpe y con otros epítetos que muy bien se merecen las autoridades gubernamentales de Nicaragua, al censurar a un laureado escritor que en el pasado formó parte del mismo FSLN y hasta fue miembro de la Junta de Gobierno provisional de la revolución sandinista y vicepresidente de Daniel Ortega, durante su dictadura de los años ochenta.
Por supuesto que nosotros también condenamos la censura orteguista a Sergio Ramírez, cuyas columnas quincenales que se publican en diversos periódicos del mundo de habla hispana, son reproducidas en LA PRENSA. Para nosotros, cualquier forma de censura y quien quiera que sea el censurado, es inaceptable y debe ser repudiada categóricamente. La libertad de pensar, de escribir y de opinar es sagrada e inviolable y tiene que ser siempre respetada.
La censura a Sergio Ramírez es otra ordinaria demostración de la naturaleza fascista o facistoide del gobierno de Daniel Ortega, que ha demolido monumentos culturales porque fueron construidos por gobernantes que tenían otro pensamiento político; que acosa a medios de comunicación y periodistas independientes porque no tolera la verdad ni la crítica; que persigue judicialmente y denigra en sus abyectos medios de propaganda a personalidades de la cultura nacional, incluyendo a mujeres; etc., etc. El fascismo no sólo se manifiesta en las agresiones de turbas orteguistas contra manifestantes pacíficos que celebran el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; también es fascista la censura del Gobierno al intelecto y la cultura porque el fascismo es un enemigo natural de la inteligencia y la creación cultural. Como advirtiera el gran escritor y filósofo español de la primera mitad del siglo XX, José Ortega y Gasset: “El fascismo no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino imponer sus opiniones. Es el derecho de no tener razón. Es la razón de la sin razón. (El fascismo es) El alma vulgar (que) sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad”.
Pero al condenar la censura del gobierno de Daniel Ortega y solidarizarnos con Sergio Ramírez, tenemos que preguntarnos si el generoso respaldo que le han brindado ilustres intelectuales progresistas y de izquierda de todo el mundo, se debe sólo a que él es también un escritor de izquierda. ¿Estaría recibiendo Sergio Ramírez esa misma solidaridad de los escritores progresistas y de izquierda, si él fuese un intelectual de derecha? ¿Y por qué esos mismos intelectuales no se solidarizan con los más de 80 escritores, periodistas y bibliotecarios cubanos que están presos en Cuba, acusados por el totalitarismo comunista de falsos delitos igual que el orteguismo acusa a Sergio Ramírez y otros intelectuales disidentes del FSLN?
En los oscuros años ochenta, los intelectuales y escritores democráticos de derecha que eran reprimidos y censurados por el régimen sandinista, entre ellos el insigne poeta nacional Pablo Antonio Cuadra, jamás recibieron ni una palabra de solidaridad de esos intelectuales progresistas y de izquierda. Por el contrario, justificaban la censura y la represión sandinista contra los intelectuales democráticos de derecha, a quienes se les acusaba prácticamente de lo mismo que ahora el orteguismo acusa a Sergio Ramírez y otros connotados intelectuales que en los años ochenta apoyaron y justificaron al régimen sandinista.
Pero la represión y la censura son reprobables y odiosas, independientemente de quienes sean los reprimidos y censurados y quienes los censores y represores. La libertad es como el sol, que alumbra para todos. A la libertad intelectual no se le deben poner restricciones de ningún tipo y por ningún motivo. Por eso es que nos sumamos a la condena de la censura del gobierno orteguista a Sergio Ramírez Mercado, a quien le expresamos nuestra sincera solidaridad. Para nosotros lo más importante no es dónde estaba y con quienes andaba este laureado escritor nicaragüense en los años ochenta. Lo más importante es que él es víctima de la censura fascista del orteguismo y que ahora está en fila con todos los que defendemos la libertad por lo que vale ella misma, sin limitaciones políticas ni prejuicios ideológicos de ninguna clase.